Contratar cuesta un 30% más que en 2019 mientras la productividad se estanca

Se gasta más dinero para obtener prácticamente el mismo resultado
El coste de contratar creció un 30,8% desde 2019, pero la productividad por trabajador apenas avanzó un 0,2%.
Mark

¿Por qué importa que contratar cueste un 30% más si el empleo sigue creciendo?

Mimi

Porque ese crecimiento está sostenido por factores externos —turismo e inmigración— no por productividad. Es como construir sobre arena.

Luke

Pero ¿cuánto de ese crecimiento del empleo es realmente nuevo, y cuánto es simplemente más gente en el país demandando servicios? El dato de ocupación no distingue.

Mimi

Exacto. El 38% del crecimiento demográfico europeo es inmigración a España. Eso suma demanda, pero también suma presión salarial.

Mark

¿Y la productividad? ¿Por qué apenas crece?

Mimi

Porque cada trabajador está produciendo menos horas que en 2019. Trabajamos menos, ganamos más, y las empresas pagan más. Es insostenible.

Luke

Aunque hay que notar que la recuperación de horas trabajadas en el segundo trimestre fue parcial. No sabemos si es una tendencia o un rebote.

Mark

¿Entonces la cuña fiscal es el verdadero problema?

Mimi

Es uno de varios. La fiscalidad subió 1,3 puntos en España mientras bajaba en la UE. Eso desincentiva contratar, especialmente a pequeñas empresas.

Luke

Pero el empleo no se contrajo. Así que o el desincentivo no es tan fuerte, o hay otros factores compensando.

Mimi

El turismo y la inmigración compensan. Pero eso no es un modelo económico robusto. Es una muleta.

Mark

¿Cuánto tiempo aguanta esto?

Mimi

Eso es lo que nadie sabe. Los números de 2026 aún muestran resiliencia, pero la tendencia es clara: costes suben, productividad baja.

  • Contratar en España cuesta casi un tercio más que en 2019, pero la producción por trabajador se ha mantenido prácticamente congelada, comprimiendo los márgenes empresariales.
  • La cuña fiscal sobre salarios bajos creció 1,3 puntos en España entre 2018 y 2024, justo cuando el resto de la UE la reducía, encareciendo especialmente la contratación en las empresas más pequeñas.
  • A pesar del encarecimiento del trabajo, el empleo no se ha desplomado gracias al turismo y a una inmigración que representa el 38% del crecimiento demográfico europeo reciente.
  • Las inversiones se frenan, las exportaciones se recuperan de forma insuficiente y la productividad no despega, dibujando una resiliencia económica que los analistas de Funcas califican de frágil.
  • La pregunta que sobrevuela los datos de 2026 es cuánto tiempo puede sostenerse el dinamismo laboral español si la productividad sigue estancada y los costes continúan escalando.

En España, el acto de contratar a un trabajador se ha encarecido un 30,8% desde 2019, mientras la productividad por ocupado apenas ha crecido un 0,2% en el mismo período. Esta brecha entre lo que cuesta el trabajo y lo que rinde revela una tensión estructural que los economistas observan con creciente inquietud: una economía puede sostener el empleo por impulso demográfico y turístico, pero no indefinidamente si el esfuerzo productivo no acompaña al coste. España avanza, pero con una ecuación que, tarde o temprano, exigirá ser resuelta.

Emplear a una persona en España cuesta en 2026 un 30,8% más que en 2019. El problema es que ese trabajador produce prácticamente lo mismo que hace siete años: la productividad por ocupado ha crecido apenas un 0,2% en todo el período, según los datos provisionales del INE para el segundo trimestre de 2026. Se gasta más para obtener el mismo resultado.

Detrás del encarecimiento hay varios factores actuando a la vez. La cuña fiscal —impuestos y cotizaciones sociales sobre el salario— creció 1,3 puntos porcentuales en España entre 2018 y 2024, mientras la Unión Europea la reducía en una proporción similar. A eso se suma que el salario medio subió un 4% en el último año. Los analistas de Funcas reconocen una «notable resiliencia» de la economía española frente a la turbulencia geopolítica global, pero advierten que las inversiones se han frenado y las exportaciones se recuperan de forma «claramente insuficiente».

Lo que resulta paradójico es que, pese a todo, el empleo no se ha contraído. Dos factores lo explican: el turismo, que sigue siendo un motor robusto, y la inmigración. España ha captado el 38% de todo el crecimiento demográfico de la UE en los últimos años, casi exclusivamente por llegada de personas del extranjero. Esos nuevos residentes son a la vez consumidores y oferta de mano de obra, y sostienen en parte un consumo privado que se mantiene estable incluso con inflación.

Sin embargo, la resistencia tiene límites. Cuando los costes fiscales asociados al trabajo dificultan la contratación, especialmente en empresas pequeñas, el mercado laboral pierde incentivos para crecer. Los datos de 2026 aún no revelan una ruptura, pero la tendencia es clara: una economía no puede mantener indefinidamente el empleo dinámico si la productividad se estanca y los costes no dejan de subir.

Contratar a un trabajador en España cuesta casi un tercio más que hace siete años. En 2026, el desembolso que una empresa debe hacer para emplear a una persona es un 30,8% superior al de 2019. Pero aquí está el problema que mantiene en vela a economistas y empresarios: ese trabajador no produce significativamente más que antes. De hecho, la productividad por ocupado apenas se ha movido, creciendo apenas un 0,2% en todo ese período. Los números provisionales del Instituto Nacional de Estadística para el segundo trimestre de 2026 pintan un cuadro incómodo: se gasta más dinero para obtener prácticamente el mismo resultado.

La culpa no recae en un solo lugar. Los costes laborales se han disparado por una combinación de factores que actúan simultáneamente. La fiscalidad ha apretado especialmente a los salarios bajos. Entre 2018 y 2024, la cuña fiscal —el conjunto de impuestos sobre la renta y cotizaciones sociales que el Estado retiene— creció 1,3 puntos porcentuales en España. Mientras tanto, en el resto de la Unión Europea, esa misma cuña se redujo en prácticamente la misma proporción. Es una divergencia notable: justo cuando el bloque comunitario aligeraba la carga fiscal sobre el trabajo, España la aumentaba. Sumado a esto, el salario medio subió un 4% en el último año, elevando automáticamente los costes que las empresas deben asumir.

Los analistas de Funcas, la fundación que ha diseccionado estos datos oficiales, advierten de que la economía española muestra una «notable resiliencia» frente a la crisis geopolítica global, pero esa fortaleza esconde fragilidades. Las inversiones se han frenado. Las exportaciones se recuperan, pero de forma «claramente insuficiente». Y mientras tanto, la productividad se estanca y los costes laborales suben. Es una ecuación que no cierra: si produces lo mismo pero pagas más, tu margen se reduce.

En el segundo trimestre de 2026, las horas trabajadas por ocupado se recuperaron ligeramente respecto al trimestre anterior, pero cada persona sigue trabajando menos que en 2019. Eso explica en parte por qué la productividad no despega. El consumo privado se mantuvo estable a pesar de la inflación, sostenido en buena medida por el crecimiento demográfico español, el mayor de Europa: la población crece un 0,2% cada tres meses. De hecho, cerca del 30% del crecimiento del consumo podría atribuirse simplemente a que hay más gente viviendo en el país. La tasa de ahorro de los hogares sigue siendo elevada, lo que permite a las familias seguir gastando incluso cuando los precios suben rápidamente.

Pero hay un aspecto que complica la narrativa de crisis. A pesar de que los costes de contratación se han disparado y la fiscalidad sobre el trabajo se ha endurecido, España no ha experimentado una contracción del empleo. Al contrario: la ocupación muestra un dinamismo que, aunque desacelerado, supera al de muchos socios europeos. Dos factores explican esta aparente paradoja. El primero es el turismo, que sigue siendo un motor económico robusto. El segundo es la inmigración: España ha capturado el 38% de todo el crecimiento demográfico de la Unión Europea en los últimos años, casi exclusivamente por llegada de personas del extranjero, ya que la población autóctona está en decrecimiento natural. Esos inmigrantes no solo son consumidores adicionales que demandan bienes y servicios; también son oferta de mano de obra.

Los empresarios y especialistas llevan tiempo advirtiendo que los crecientes costes fiscales asociados al trabajo dificultan las contrataciones, especialmente en las empresas pequeñas. Cuando incluso los sueldos más bajos implican un sobrecoste importante para la empresa por la parte que retiene el Estado, el mercado laboral tiene menos incentivos para crear nuevos puestos. Sin embargo, la realidad española muestra que esos incentivos desincentivadores no han logrado frenar el empleo, al menos no todavía. La pregunta que flota sobre estos números es si esa resistencia es sostenible. ¿Cuánto tiempo puede una economía mantener el empleo dinámico cuando la productividad se estanca y los costes suben? Los datos de 2026 aún no responden esa pregunta, pero la tendencia sugiere que la respuesta no será indefinida.

La economía española muestra notable resiliencia ante el contexto global de crisis geopolítica
— Análisis de Funcas sobre datos del INE
El avance de las inversiones se ha frenado y las exportaciones se recuperan de forma claramente insuficiente
— Analistas de Funcas
Quieres la nota completa? Lee el original en The Objective ↗
Contáctanos FAQ