Samuel Beckett: la trilogía que cuestiona la identidad del sujeto y sigue siendo urgente

Es para callarse que hace falta coraje, pero callarse es imposible
La frase de El innombrable adquiere nueva relevancia en una era de saturación de voces en redes sociales.
Mark

¿Por qué importa que Beckett escribiera en dos idiomas simultáneamente? Parece un detalle técnico.

Mimi

No es un detalle. Significa que cada novela tiene dos originales que nunca son idénticos. El lector de la versión en francés lee algo ligeramente distinto al lector de la versión en inglés. Beckett no traducía para que fueran iguales; traducía porque el idioma mismo cambia lo que se puede decir.

Luke

Pero ¿cuál es la versión "verdadera"? ¿La que Battistón tradujo al español fue del francés o del inglés?

Mimi

Esa es la pregunta que Battistón tuvo que responder. Y es parte de lo que hace tan difícil traducir a Beckett: no hay un original único al cual referirse.

Mark

Entonces, ¿la trilogía cuestiona la identidad del sujeto que narra. ¿Cómo funciona eso en la práctica?

Mimi

En Molloy, el narrador no sabe cómo llegó a la habitación de su madre. En El innombrable, ni siquiera sabe si tiene cuerpo. El "yo" que habla es incierto, inestable. No es un personaje con una identidad clara que cuenta una historia.

Luke

Pero el narrador sigue hablando. Sigue diciendo "yo". ¿No es eso suficiente para establecer una identidad, aunque sea frágil?

Mimi

Eso es lo genial. El acto de hablar es lo único que existe. El lenguaje crea la ilusión de un sujeto, pero ese sujeto no tiene sustancia. Es puro discurso.

Mark

¿Y cómo se conecta esto con internet y las redes sociales?

Mimi

En las redes, el sujeto también se disuelve. Un tuit circula sin que importe quién lo escribió. Miles de voces hablan simultáneamente. La identidad del que habla se pierde en la masa.

Luke

Pero eso es diferente. En Beckett, el narrador está solo, consciente de su soledad. En internet, hay una ilusión de comunidad, de conexión. No es lo mismo.

Mimi

Tienes razón. Pero la pregunta de Beckett sigue siendo válida: ¿quién habla? ¿Quién es el sujeto en el lenguaje? En internet, esa pregunta se vuelve más urgente porque la respuesta es menos clara.

  • La trilogía de Beckett: Molloy (1951), Malone muere (1952), El innombrable (1953)
  • Beckett escribía simultáneamente en inglés y francés, creando dos versiones originales de cada obra
  • Ediciones Godot completó la publicación de la trilogía en español en 2020, con traducción de Matías Battistón
  • Beckett recibió el Premio Nobel de Literatura en 1969

La trilogía de Beckett (1951-1953) desafía las nociones básicas de escritura mediante monólogos que cuestionan la identidad y el lenguaje mismo. El autor irlandés combinaba rigor experimental con abandono formal, escribiendo simultáneamente en inglés y francés, creando dos versiones originales de cada obra.

Ediciones Godot completa la publicación de la trilogía de Samuel Beckett con 'Molloy' y 'Malone muere'. El traductor Matías Battistón analiza cómo estas obras revolucionarias del absurdo siguen interpelando al presente digital.

Cuando Samuel Beckett entregó el manuscrito de Molloy a su editor Jerôme Lindon a finales de los años cuarenta, hizo una pausa. Con la lapicera en la mano, miró a su entusiasta editor y le dijo algo que parecía una broma pero no lo era: "Estás seguro, ¿no? Vas directo a la quiebra con esta novela". Lindon estaba convencido de que tenía entre las manos una obra maestra. Beckett no estaba tan seguro de que el mundo estuviera listo para lo que había escrito. Resultó que ambos tenían razón. La novela se publicó en 1951, seguida dos años después por Malone muere y El innombrable. Juntas conforman una trilogía que desafía casi todo lo que se entiende por novela: la trama, el personaje, la identidad misma del que narra.

Estas tres obras llegaron a Argentina recién en años recientes. Ediciones Godot —una editorial que lleva el nombre de la obra de teatro más famosa de Beckett— publicó El innombrable en 2017 y completó la trilogía este año con las otras dos novelas. El traductor fue Matías Battistón, quien enfrentó un desafío singular: Beckett escribía simultáneamente en inglés y francés, traduciendo su propio trabajo de un idioma al otro, lo que significa que cada novela existe en dos versiones originales que son cercanas pero nunca idénticas. "Traducirlo implica tratar de seguir una voz que maneja los cambios de tono y los quiebres como pocas", explica Battistón. El trabajo de Beckett combina, según su traductor, "un modo muy particular el rigor y el abandono. En su escritura casi nada es planeado y casi todo es preciso".

Molloy comienza con un hombre en la habitación de su madre, aunque no recuerda cómo llegó allí. Tal vez en una ambulancia. Tal vez en algún vehículo. No está seguro. Las palabras iniciales que deberían construir un escenario claro, personajes definidos, una dirección narrativa, en cambio giran sin rumbo. "Quisiera hablar ahora de las cosas que me quedan por hacer, despedirme, terminar de morir. Ellos no quieren", dice el narrador. ¿Quiénes son ellos? La pregunta queda sin respuesta. En Malone muere, un anciano desnudo en lo que podría ser un hospital o un neuropsiquiátrico narra la historia de un personaje llamado Sapo que luego se convierte en Macmann. El relato no avanza; gira sobre sí mismo. Y en El innombrable, la tercera novela, el narrador comienza con tres preguntas que resumen toda la trilogía: "¿Dónde ahora? ¿Cuándo ahora? ¿Quién ahora?". Este narrador no sabe dónde está ni quién es. Cree que no tiene miembros. Está solo. Y hablar es lo único que lo salva, o al menos lo intenta.

Lo que une estas tres novelas no es una trama convencional sino una obsesión: la pregunta sobre quién habla, quién narra, quién es el sujeto que existe en el lenguaje. Beckett escribe monólogos donde las palabras funcionan como "gotas de silencio a través del silencio", pasos que permiten caminar en la oscuridad. El lenguaje es la vela, pero también es el mundo entero, porque ¿existen las cosas sin que las nombremos? En El innombrable aparece una frase que resume esta obsesión: "Solo hay que desmembrarse tranquilamente, sumiéndose en la delicia de saberse nadie para siempre". Cuando Beckett escribió estas novelas, a principios de los años cincuenta, estaba llevando a cabo un experimento radical. Años antes, en 1953, cuando se estrenó Esperando a Godot en París, las reacciones fueron divididas. Algunos espectadores salieron fascinados. Otros no sabían si era genialidad o absurdo. Otros se quejaban de que nada significativo ocurría en toda la obra. Beckett fue clasificado dentro del movimiento del Teatro del Absurdo, aunque él siempre rechazó las interpretaciones cerradas de su trabajo. Cuando le preguntaban si Godot era Dios, respondía: "Si por Godot hubiera querido decir Dios, habría dicho Dios y no Godot".

Pese a su carácter transgresor, Beckett fue celebrado en vida. En 1969 recibió el Premio Nobel de Literatura "por su escritura, que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno", según la Academia Sueca. Pero lo que caracteriza a Beckett es una cierta indiferencia hacia el éxito. Era un erudito formado en el Trinity College de Dublín, donde estudió francés, italiano e inglés. Conocía a James Joyce, 24 años mayor, y se convirtió en su asistente en la investigación de Finnegans Wake. Era experto en historia, música y pintura. Jugaba ajedrez, rugby, tenis y cricket. Pero su verdadera pasión era el acto moral de escribir, no la repercusión de lo escrito.

La trilogía de Beckett interpela al presente de una manera que sorprende. En la era de las redes sociales, donde miles de voces hablan simultáneamente, donde un tuit puede circular sin que importe quién lo escribió, donde la identidad del que habla se disuelve en la masa de discursos, las preguntas de Beckett adquieren una urgencia nueva. Maurice Blanchot escribió que El innombrable es "una experiencia vivida bajo la amenaza de lo impersonal, el acercamiento de una voz neutral que se alza por sí misma". En internet, esa voz neutral existe. Los trending topics son agrupamientos impersonales de temas conversados. Los comentarios bajo un posteo forman un metatexto acuoso e interminable. La pregunta sobre quién habla en internet tiene múltiples respuestas, pero predomina la dualidad: o todos o ninguno. En El innombrable, el narrador dice: "Es para callarse que hace falta coraje". Pero callarse es imposible. En un mundo saturado de voces, donde la exaltación discursiva es constante, donde la proliferación de textos es infinita, ¿cuál es el estatuto de la palabra? ¿Quién es el sujeto que habla? Estas son las preguntas que Beckett formuló hace setenta años y que siguen sin respuesta.

Si por Godot hubiera querido decir Dios, habría dicho Dios y no Godot
— Samuel Beckett, rechazando interpretaciones cerradas de su obra
Beckett combina de un modo muy particular el rigor y el abandono. En su escritura casi nada es planeado y casi todo es preciso
— Matías Battistón, traductor de la trilogía
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