En el cruce entre el tiempo y la biología, un estudio de la Universidad de Rutgers propone que no solo importa lo que llevamos al plato, sino cuándo lo hacemos. Mujeres que concentraron sus comidas en una ventana de nueve horas diarias mostraron un funcionamiento cognitivo superior al de quienes comieron durante doce, incluso cuando ambos grupos perdieron el mismo peso. En un mundo que envejece y busca con urgencia formas de preservar la mente, esta investigación abre una pregunta tan sencilla como profunda: ¿podría el reloj ser tan importante como el menú?