En el corazón de la minería chilena se vive una paradoja que desafía la intuición económica: mientras el cobre alcanza precios históricos, las dos mayores productoras del país —Codelco y Escondida— recortan sus metas de extracción. No es una estrategia de mercado ni una restricción deliberada, sino el peso acumulado de la geología: minerales más pobres, minas más profundas, operaciones más complejas. Chile enfrenta así una encrucijada estructural donde la riqueza del precio no alcanza a compensar el agotamiento progresivo del subsuelo.