En el tablero geopolítico del siglo XXI, las alianzas no son eternas: son elecciones. Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, alzó la voz esta semana para señalar que la administración Trump parece estar reescribiendo el mapa de las lealtades estadounidenses, acercándose a Corea del Norte y Rusia mientras tensiona los vínculos con Canadá y Omán. Lo que está en juego, advierten los críticos, no es solo una política exterior distinta, sino el andamiaje de alianzas que ha sostenido el orden global desde 1945.