En el umbral de un nuevo gobierno, Colombia ensaya una forma distinta de elegir a quienes conducirán sus instituciones: Claudia Benavides Salazar, ingeniera con veinticinco años de experiencia en el cruce entre academia, empresa y Estado, fue designada ministra de Ciencia y Tecnología no por lealtades políticas, sino a través de un banco de talentos basado en mérito. El presidente electo Abelardo De La Espriella, a días de asumir el poder, le confía la tarea de reconectar al Estado con su comunidad científica y convertir el conocimiento en desarrollo real para las regiones. En ese gesto hay un