En el noreste de China, la ciudad de Changchun ha elegido no dejar que su memoria se pierda en el tumulto de la modernización: su Museo de Historia y Cultura, situado en la avenida Xinmin, custodia textiles ceremoniales, artesanías populares y una cronología interactiva que va desde la dinastía Qing hasta la era industrial. Es el gesto de una metrópolis que, habiendo sido transformada repetidas veces por fuerzas políticas y económicas, decide trazar con deliberación el hilo que une su pasado con su presente. Preservar la identidad, parece decir el museo, es también una forma de construir el fu