Catalanes y menores no acompañados: qué revela realmente el estudio sobre odio en España

El estudio documenta sentimientos de odio dirigidos hacia menores extranjeros no acompañados y otros colectivos vulnerables, reflejando discriminación potencial en la sociedad española.
El odio no se distribuye aleatoriamente sino que sigue patrones predecibles según edad e ideología
El estudio revela que la polarización ideológica alimenta el rechazo hacia colectivos específicos de manera diferenciada según la orientación política.

En España, un estudio encargado por Acción contra el Odio ha medido los sentimientos de rechazo que setenta colectivos y figuras despiertan en la ciudadanía, revelando que el odio no es un fenómeno aleatorio sino un espejo de la polarización ideológica y generacional. Los menores extranjeros no acompañados y los catalanes encabezan el rechazo dentro de su categoría, pero ocupan posiciones medias en el conjunto, muy por debajo de Putin, Franco o Trump. Lo que el estudio ilumina no es tanto quién odia a quién, sino cómo cada tribu política construye su propio mapa de enemigos: la derecha apunta hacia colectivos vulnerables, la izquierda hacia figuras de poder. En ese contraste reside la verdad más incómoda del informe.

  • Un titular que circuló masivamente en redes simplificó el estudio hasta la distorsión: los catalanes y los menores migrantes no son los más odiados de España en términos absolutos, sino dentro de una sola categoría temática.
  • El 3% de los encuestados declara odio hacia menores no acompañados y el 1,9% hacia catalanes, pero Putin acumula un 19,6% y Franco un 15,3%, lo que sitúa a ambos grupos en posiciones medias del ranking general.
  • La fractura ideológica es el hallazgo más perturbador: votantes de derechas concentran su odio en colectivos vulnerables e identitarios, mientras que los progresistas lo dirigen hacia líderes políticos y estructuras de poder.
  • Los adolescentes son el grupo más expuesto a discursos de odio en redes sociales —el 72% lo constata—, catorce puntos por encima de los adultos, lo que convierte este fenómeno en una urgencia educativa.
  • El estudio no solo mide el odio declarado, sino también la simpatía muy baja: el 20,3% siente muy poca simpatía hacia menores no acompañados, el doble que hacia los catalanes, revelando una hostilidad difusa más extendida que el odio explícito.

Un estudio del 'Mapa de Odios', encargado por la plataforma cívica Acción contra el Odio, recorrió redes sociales y medios con un mensaje aparentemente sencillo: los catalanes y los menores extranjeros no acompañados son los colectivos más odiados de España. La realidad exige más matices.

La encuestadora 40dB entrevistó a 1.500 personas —mitad menores, mitad adultos— sobre los sentimientos que les despiertan setenta sujetos agrupados en diez categorías. En la categoría de origen, etnia o nacionalidad, los porcentajes más altos correspondieron a menores no acompañados (3%) y catalanes (1,9%), superando a inmigrantes, personas gitanas, vascas o turistas. Pero al ampliar la mirada al ranking completo, ambos grupos caen a las posiciones 29 y 36 respectivamente, muy lejos de Putin (19,6%), Franco (15,3%) o Trump (12,7%).

El hallazgo más revelador del estudio es su dimensión ideológica. Casi la mitad de los encuestados declara odiar a alguno de los sujetos propuestos, pero ese odio sigue patrones claros: el bloque progresista lo concentra en figuras de poder y estructuras políticas o económicas, mientras que el bloque de derechas combina el rechazo a líderes de otras ideologías con el odio hacia colectivos vulnerables. Entre votantes de derechas, el 5,5% declara odio hacia menores no acompañados; entre progresistas, ese número cae al 0,7%.

La edad también traza diferencias: los adultos rechazan más a los menores migrantes, mientras que los adolescentes muestran más rechazo hacia los catalanes. Y son precisamente los jóvenes quienes más presencian discursos de odio en redes sociales, con un 72% que lo afirma. El estudio concluye que la polarización alimenta el odio de manera predecible, y que los titulares que circularon capturaban solo una verdad parcial de un fenómeno mucho más complejo.

Un estudio encargado por la plataforma cívica Acción contra el Odio ha circulado por redes sociales y medios de comunicación con un titular que parece claro: los catalanes y los menores extranjeros no acompañados son los colectivos más odiados de España. La realidad es más matizada, y entenderla requiere leer con cuidado qué mide realmente esta investigación y cómo interpretar sus números.

La encuestadora 40dB entrevistó a 1.500 personas mayores de 12 años —mitad menores, mitad adultos— sobre los sentimientos que les despiertan setenta personas, colectivos o entidades agrupadas en diez categorías temáticas. Cuando se preguntó específicamente sobre grupos definidos por origen, etnia o nacionalidad, los números fueron efectivamente los más altos: el 3% de los encuestados reconoció sentir odio hacia menores extranjeros no acompañados, y el 1,9% hacia catalanes. Estos porcentajes superan los registrados para otros grupos en esa misma categoría —inmigrantes, personas gitanas, vascas, madrileñas, personas de piel negra, turistas—. Pero aquí termina la historia que circuló por las redes.

Cuando se amplía la perspectiva al ranking completo de los setenta sujetos del estudio, el cuadro cambia significativamente. Los menores no acompañados ocupan la posición 29, y los catalanes la 36. Ambos quedan muy por debajo de las figuras que concentran más odio declarado: Vladímir Putin encabeza la lista con un 19,6%, seguido por Francisco Franco con un 15,3% y Donald Trump con un 12,7%. En la comparación con otras personalidades y colectivos, los catalanes se sitúan al nivel del futbolista Lamine Yamal, mientras que los menores no acompañados aparecen por debajo de presentadores como Pablo Motos o Ana Rosa Quintana, y de instituciones como la Iglesia o la patronal.

El estudio revela patrones ideológicos claros. Casi la mitad de los encuestados declara sentir odio por alguno de los sujetos propuestos, mientras que el 91% expresa simpatía muy baja o baja hacia alguno de ellos. Pero el odio no se distribuye de manera uniforme según la orientación política. El bloque progresista —identificado por afinidad con PSOE, Sumar o Podemos— concentra su rechazo en figuras de poder, personajes públicos politizados y estructuras económicas o políticas. El bloque de derechas —afinidad con PP, Vox o Se Acabó la Fiesta— combina el rechazo hacia líderes políticos de ideologías diferentes con el odio hacia colectivos identitarios y vulnerables. Esta diferencia es notable: entre la derecha, el 5,5% declara odio hacia menores no acompañados y el 2,5% hacia catalanes, mientras que en el bloque progresista esos números caen a 0,7% y 0,9% respectivamente.

La edad también marca diferencias. Los menores de edad declaran más odio hacia catalanes —2,3% frente al 1,6% de adultos—, mientras que los adultos reportan más odio hacia menores no acompañados —3,7% frente al 2,3% de adolescentes—. Cuando se pregunta sobre simpatía baja sin llegar al odio, el 20,3% de encuestados afirma sentir muy poca simpatía hacia menores no acompañados, comparado con el 9,8% para catalanes.

Sobre dónde circulan estos discursos, más del 70% de los encuestados identifica las redes sociales como el principal escenario, seguidas por grupos de mensajería, medios de comunicación y espacios de ocio, todos cerca del 40%. Los adolescentes son quienes más presencian estos discursos de odio en redes: el 72% lo afirma, catorce puntos por encima de la población adulta.

El estudio concluye que la polarización ideológica alimenta el odio hacia ciertos colectivos, y que este odio no se distribuye aleatoriamente sino que sigue patrones predecibles según la edad y la orientación política de quien responde. Los números que circularon en redes capturaban una verdad parcial: dentro de una categoría específica, estos dos grupos generaban los porcentajes más altos. Pero fuera de ese contexto, ocupaban posiciones medias en un espectro mucho más amplio de rechazo social.

El bloque progresista concentra su odio en figuras de poder, personajes públicos politizados y estructuras económicas o políticas. El bloque de derechas combina el rechazo hacia líderes políticos de ideologías diferentes con el odio hacia colectivos identitarios y vulnerables.
— Conclusiones del estudio 'Mapa de Odios'
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué este estudio se interpretó tan mal en redes si los números están ahí?

Model

Porque los titulares capturaron una verdad técnicamente correcta pero engañosa. El 3% es el número más alto en una categoría, pero esa categoría es solo una de diez. Cuando ves que Putin tiene un 19,6% de odio declarado, el 3% pierde toda su dramaticidad.

Inventor

Entonces, ¿los catalanes y los menores no acompañados no son realmente los más odiados?

Model

No. Son los más odiados dentro de una subcategoría muy específica. En el ranking general, hay decenas de figuras y colectivos que generan más rechazo. Es como decir que alguien es el más alto de su clase sin mencionar que su clase es la de tercero de primaria.

Inventor

¿Qué revela realmente el estudio sobre cómo odia la gente en España?

Model

Que el odio es ideológico. La derecha odia a colectivos vulnerables e identitarios. La izquierda odia a figuras de poder. Y que las redes sociales son donde estos sentimientos encuentran amplificación, especialmente entre adolescentes.

Inventor

¿Hay algo preocupante en estos números?

Model

Sí, pero no es lo que circuló en Twitter. Lo preocupante es que el 20% de la población siente muy poca simpatía hacia menores no acompañados, aunque no lo llame odio. Y que los adolescentes están expuestos a estos discursos constantemente en redes.

Inventor

¿Qué diferencia hay entre odio y simpatía muy baja?

Model

El estudio lo pregunta por separado. Alguien puede no sentir odio pero sí una aversión profunda. Con menores no acompañados, esa brecha es grande: 3% dice odio, pero 20% dice simpatía muy baja. Eso sugiere un rechazo más generalizado que lo que admite el odio declarado.

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