En la palma de la mano y en la fracción de un momento, la promesa de energía instantánea esconde un costo silencioso: cada carga rápida deposita litio en los electrodos y eleva la temperatura interna, acelerando el envejecimiento de las baterías que alimentan la vida digital cotidiana. La industria ha respondido con ingeniería de contención, pero el dilema entre velocidad y durabilidad permanece sin resolución definitiva. Lo que se gana en minutos, se paga en meses de vida útil.