En el otoño de 2026, Canadá y la Unión Europea comenzaron a trazar juntos un camino diplomático inédito, impulsados por las tensiones que han erosionado la confianza tradicional entre Ottawa y Washington. La propuesta de designar a Canadá como 'país asociado' de la UE no es un gesto menor: es el reflejo de un orden atlántico que busca nuevas geometrías para sobrevivir a sus propias contradicciones. En la historia de las alianzas occidentales, los momentos de reordenamiento suelen anunciar décadas de transformación.