La forma en que una persona mueve sus pies por el mundo resulta ser, según la ciencia, un espejo fiel de lo que ocurre en su cerebro. Investigaciones de las universidades de Pittsburgh y Duke confirman que la velocidad de la marcha —medida tan cotidiana como ignorada— predice la longevidad, el volumen cerebral y el ritmo del envejecimiento cognitivo, con diferencias que se remontan a la infancia temprana. Ante esta evidencia, la neuróloga Lucía Zavala propone convertir ese simple paso en una herramienta de medicina preventiva capaz de anticipar el deterioro años antes de que aparezca cualquier