Cambios de estilo de vida garantizan dos a tres años de salud cerebral, según experta de Alzheimer's Association

El marido de María Carrillo padece Alzheimer, enfermedad que también afectó a su suegra y otros miembros de su familia política, generando preocupación sobre la herencia genética.
Un cerebro más protegido tiene mayor resiliencia contra cambios cerebrales
Carrillo explica cómo los cambios de hábitos fortalecen la capacidad del cerebro para resistir el deterioro cognitivo.
Mark

¿Entonces los cambios de hábitos realmente funcionan, o es solo que mantienen a raya los síntomas mientras el cerebro se deteriora de todas formas?

Mimi

El estudio LatAm-FINGERS mostró que en adultos mayores de alto riesgo, no solo mejoraron la cognición sino que la mantuvieron estable durante dos años. Eso es diferente a simplemente enlentecer lo inevitable.

Luke

Pero espera. ¿Dos años es suficiente para decir que funciona? ¿Qué pasa después? ¿Siguen mejorando, se estabilizan, o eventualmente el deterioro llega igual?

Mimi

Esa es exactamente la pregunta que están investigando ahora con el seguimiento de cuatro años. Todavía no sabemos si el beneficio se sostiene a largo plazo.

Mark

¿Y por qué es tan difícil que la gente mantenga estos cambios? Parece que debería ser obvio: come mejor, haz ejercicio, vive más años.

Mimi

Porque la mayoría de las personas fueron criadas en contextos donde comer sano o hacer actividad física no era la norma. Además, los beneficios no son inmediatos. Es difícil vender una mejora cognitiva que tal vez no notes en seis meses.

Luke

Pero en el estudio, el apoyo social ayudó. ¿Eso significa que si estás solo, no funciona? ¿O que necesitas un programa estructurado?

Mimi

El apoyo social definitivamente ayudó a la adherencia. Pero Carrillo dice que cuando los profesionales de la salud explican bien las cosas y hacen que sea fácil, la resistencia desaparece.

Mark

Ella menciona que en Argentina el 59,6 por ciento de los casos de demencia son evitables. ¿Eso significa que casi seis de cada diez personas podrían no enfermar si cambiaran sus hábitos?

Mimi

Sí, pero eso asume que pueden cambiar. Y eso depende de acceso a información, recursos, apoyo. No es solo voluntad individual.

Luke

Y aquí está el problema real: ella dice que no hay financiamiento. Sin dinero para investigación, sin dinero para programas en los centros de salud, todo queda en teoría. ¿Cuánto de esto es un problema de ciencia versus un problema de política pública?

Mimi

Son inseparables. Sin financiamiento, no hay investigación. Sin investigación, no hay evidencia que convenza a los gobiernos. Sin convencimiento, no hay políticas.

Mark

¿Y los nuevos medicamentos? ¿No son la solución?

Luke

Son caros y solo funcionan en etapas tempranas. Crean una medicina de dos velocidades. Carrillo lo admite: es como el cáncer hace años. Mejorará, pero ahora mismo, la inequidad es increíble.

  • El estudio LatAm-FINGERS mantuvo la cognición estable durante dos años en adultos mayores de alto riesgo
  • En Argentina, el 59,6% de los casos de demencia son evitables
  • El nuevo estudio PROTECT-Cog incluirá 4.000 personas globales con inversión de u$s100 millones
  • María Carrillo es directora científica de la Alzheimer's Association

El programa LatAm-FINGERS demostró que cambios en hábitos de vida mantienen la cognición en adultos mayores de alto riesgo durante dos años, mejorando su resiliencia cerebral. En Argentina, el 59,6% de los casos de demencia son evitables; la demencia vascular predomina en la región por factores dietéticos y enfermedades como diabetes e hipertensión.

La directora científica de la Alzheimer's Association explica cómo intervenciones no farmacológicas como dieta saludable, ejercicio y estimulación cognitiva pueden retrasar el deterioro cerebral hasta tres años, aunque advierte sobre la falta de financiamiento en América Latina.

María Carrillo dirige la investigación científica de la Alzheimer's Association, la organización sin fines de lucro más grande del mundo dedicada a esta enfermedad. Hace poco, en una entrevista, explicó qué está cambiando en la forma en que entendemos y tratamos el deterioro cognitivo: no solo con medicamentos, sino con cambios en la vida cotidiana que, según los datos que su equipo ha recopilado, pueden mantener el cerebro más joven durante años.

El punto de partida es un estudio llamado LatAm-FINGERS, que probó algo que suena simple pero que requiere disciplina sostenida. Adultos mayores con alto riesgo de demencia fueron divididos en grupos. Algunos recibieron instrucciones claras para mejorar su alimentación, hacer actividad física, controlar su presión arterial y colesterol, estimular su mente y pasar tiempo con otras personas. Otros recibieron información general. El resultado fue claro: quienes siguieron las pautas más estructuradas no solo mejoraron su cognición, sino que la mantuvieron estable durante dos años. Carrillo subraya que esto no significa que hayan detenido la demencia, pero sí que protegieron sus cerebros de una forma que antes parecía imposible sin medicamentos. Un cerebro más protegido, razona, tiene mayor capacidad de resistir los cambios que causan el deterioro cognitivo leve, ese estado intermedio que frecuentemente precede a un diagnóstico de demencia.

La adherencia es el desafío real. Las personas abandonan los tratamientos. Pero en el estudio, algo funcionó: el apoyo social entre los participantes ayudó a que siguieran adelante. La Alzheimer's Association está financiando un seguimiento de cuatro años para ver si esos beneficios se sostienen. Lo que Carrillo observa es que cuando los profesionales de la salud explican bien las cosas y hacen que sea fácil para el paciente, la resistencia desaparece. No se trata de convencer a alguien de que viva mejor en abstracto, sino de mostrarle que un corazón más joven y un cerebro más joven reducen el riesgo de mortalidad y deterioro cognitivo.

Ahora bien, hay una distinción crucial que Carrillo enfatiza: el Alzheimer no es lo mismo que la demencia vascular. El primero se asocia a la acumulación anormal de proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro. El segundo está ligado a enfermedades vasculares como la hipertensión, el colesterol alto y la diabetes. En Estados Unidos y América Latina, observa, hay menos riesgo de Alzheimer pero más propensión a demencia vascular. Y eso es prevenible. En Argentina, el 59,6 por ciento de los casos de demencia son evitables. La razón es el tipo de alimentación. La diabetes mata a los mexicanos, y probablemente ocurra algo similar en el resto de la región. Cambios pequeños, adaptados a cada cultura, pueden dar buenos resultados: más aguacate con sus antioxidantes y grasas saludables, quínoa en lugar de arroz, frutas más nutritivas, dietas de estilo mediterráneo. Son modificaciones que no requieren abandonar la identidad culinaria de cada hogar.

Pero aquí emerge un problema estructural que preocupa profundamente a Carrillo: la falta de financiamiento. Argentina ha creado planes nacionales contra el Alzheimer, pero sin dinero detrás. Sin apoyo financiero modesto para los centros de salud, municipios y comunidades, todo queda en el papel. En Estados Unidos, Canadá, Australia y países asiáticos entienden que la investigación científica de largo plazo requiere inversión sostenida. En América Latina, eso no existe. Son muy pocas las investigaciones. Carrillo, que es estadounidense de tonada mexicana, está en shock ante esta realidad. Su madre fue una monja franciscana mexicana que conoció al padre de Carrillo en una iglesia en Chicago. Él era de familia modesta y no sabía leer en inglés. Esa historia de resiliencia y valores está en el corazón de por qué ella invierte tanto en la región. Pero también está el hecho de que su marido, a quien conoció a los dieciocho años, heredó Alzheimer. Su suegra murió de la enfermedad, y fue la tercera de cuatro miembros de la familia que fallecieron por esto. Eso la preocupa, especialmente por sus hijos.

Los nuevos medicamentos son prometedores pero caros, y solo están disponibles para pacientes en etapas tempranas. Eso crea una medicina de dos velocidades: una para quienes pueden acceder al diagnóstico temprano y los fármacos, otra para los que no. Carrillo reconoce que esto no es nuevo; ocurre también con el cáncer. Pero mejorará. La tecnología avanza. Las infusiones sanguíneas se convertirán en comprimidos o autoinyectores. Las pruebas de sangre harán diagnósticos más accesibles y rápidos. Todavía estamos donde estaba el cáncer hace años, pero la trayectoria es clara.

Mientras tanto, la Alzheimer's Association está lanzando un nuevo estudio llamado PROTECT-Cog con cuatro mil personas a nivel global. Combinará intervenciones en el estilo de vida, pero de forma menos intensiva que LatAm-FINGERS, con un medicamento metabólico, específicamente un agonista de GLP-1. La idea es ver si esa combinación reduce aún más el riesgo de deterioro cognitivo leve y demencia en adultos mayores con riesgo. La asociación se comprometió con cien millones de dólares para lanzarlo. Argentina participará. Carrillo cree que lo que debe mejorar es la accesibilidad. Cuando uno explica con claridad y hace las cosas fáciles, la gente cambia. Si alguien la acompaña en el proceso, es diferente.

No hay resistencia cuando uno explica con claridad y le hace las cosas fáciles a la persona. Si te acompaño, es diferente.
— María Carrillo, directora científica de la Alzheimer's Association
En Argentina, el 59,6% de los casos de demencia son evitables. Es una condición prevenible.
— María Carrillo
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