En el umbral de unas elecciones que definirán el rumbo político de Brasil, el presidente argentino Javier Milei eligió un escenario público en São Paulo para lanzar insultos velados pero reconocibles contra el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el juez Alexandre de Moraes. La cancillería brasileña respondió convocando a consultas a su embajador en Buenos Aires, señal diplomática que traduce en protocolo la gravedad de las palabras. Lo que ocurre entre estos dos gigantes vecinos no es solo una disputa de temperamentos: es el reflejo de una fractura ideológica que recorre toda América Latina