En el cruce entre la ideología y la diplomacia, el presidente argentino Javier Milei pronunció en suelo brasileño palabras que los gobiernos no suelen perdonar: llamó 'presidiario' al presidente Lula y 'basura calva' a un juez de la Corte Suprema, durante un acto político en São Paulo. Brasil respondió con una de sus medidas diplomáticas más severas en décadas, retirando a su embajador para consultas. Lo que ocurrió en el estadio Pacaembu no fue solo un exabrupto, sino el reflejo de una fractura ideológica profunda entre dos naciones que comparten frontera, historia y destino económico.