Biden y Xi conversan por teléfono en medio de tensiones globales y esfuerzos diplomáticos

Confía pero verifica: el lema que define la relación
Un funcionario de la administración resume la estrategia estadounidense hacia China después de la llamada entre Biden y Xi.

Primera llamada entre líderes en cinco meses marca compromiso de comunicación regular para evitar malentendidos peligrosos entre EE.UU. y China. Conversación incluyó desacuerdos sobre Taiwán, derechos humanos y apoyo chino a Rusia, además de áreas potenciales de cooperación en narcóticos e IA.

  • Primera llamada entre Biden y Xi en cinco meses, desde su cumbre en California en noviembre de 2023
  • Conversación duró una hora y cuarenta y cinco minutos
  • Temas abordados: Taiwán, derechos humanos, apoyo chino a Rusia, narcóticos, inteligencia artificial, cambio climático
  • Secretaria del Tesoro Janet Yellen viajará a China esa semana; Secretario de Estado Blinken viajará en próximas semanas

Biden y Xi mantuvieron su primera conversación telefónica desde noviembre, abordando conflictos globales, Taiwán y cooperación en inteligencia artificial. La llamada refleja esfuerzos continuos para reducir tensiones entre superpotencias.

El martes, el presidente Joe Biden marcó el número del presidente chino Xi Jinping. Era la primera vez que hablaban por teléfono en cinco meses, desde que se reunieron en persona en noviembre en California. La llamada duró una hora y cuarenta y cinco minutos, y en ese tiempo los dos líderes navegaron el terreno minado de la relación entre las dos superpotencias más grandes del mundo.

La conversación llegó en un momento de turbulencia global sin precedentes. Gaza ardía. Ucrania seguía bajo invasión. Corea del Norte desarrollaba armas nucleares. Y en medio de todo esto, Estados Unidos y China seguían encontrando razones para desconfiarse mutuamente. Biden expresó su preocupación por el comportamiento de China en el Estrecho de Taiwán, por su apoyo a la industria de defensa rusa, por sus tácticas comerciales que, según la Casa Blanca, perjudicaban a los trabajadores estadounidenses. También sacó a relucir los abusos de derechos humanos de Beijing y las provocaciones militares en el Mar de China Meridional. Estos no eran temas menores. Eran los puntos de fricción que podían convertir una tensión manejable en una crisis real.

Pero la llamada no fue solo una lista de quejas. Los dos líderes también identificaron áreas donde podrían trabajar juntos. La lucha contra el tráfico de drogas. La inteligencia artificial, un campo donde ambas naciones competían pero también necesitaban establecer reglas. El cambio climático. La Casa Blanca describió el tono de la conversación como "sincera y constructiva", una frase diplomática que significa que ambos lados dijeron lo que pensaban sin que se rompiera la relación.

Esta llamada era la materialización de una promesa que Biden había hecho públicamente después de su cumbre de noviembre en Woodside. Entonces, rodeado de periodistas, Biden había dicho que él y Xi se llamarían más a menudo. El objetivo era simple pero crucial: evitar que los malentendidos entre dos potencias nucleares se convirtieran en algo peor. Un alto funcionario de la administración lo expresó de manera clara cuando habló con CNN: "Confía pero verifica". Esa frase, que Biden había pronunciado después de la cumbre, seguía siendo el lema operativo. No se trataba de creer las promesas de China. Se trataba de verificar lo que China realmente hacía.

Esa desconfianza tenía raíces profundas. En noviembre, después de pasar horas con Xi en una reunión que ambos lados describieron como constructiva, Biden se acercó a un periodista de CNN y dijo que seguiría llamando dictador al líder chino. La palabra cayó como una piedra en un estanque tranquilo. El gobierno chino respondió con furia. Lo que había sido un momento de acercamiento se convirtió en un final incómodo. Ahora, cuatro meses después, ambos lados estaban intentando de nuevo.

La administración Biden tenía un calendario ambicioso de diplomacia. La secretaria del Tesoro, Janet Yellen, viajaría a China esa misma semana para reunirse con sus homólogos y discutir lo que Estados Unidos consideraba prácticas comerciales injustas. El secretario de Estado, Antony Blinken, también viajería a China en las próximas semanas. El secretario de Defensa, Lloyd Austin, participaría pronto en una llamada con el ministro de defensa chino. Era un despliegue diplomático coordinado, diseñado para mantener los canales abiertos mientras se presionaba sobre las preocupaciones estadounidenses.

Pero había un tema que flotaba bajo la superficie de toda esta diplomacia: Rusia. Xi había prometido a Biden en noviembre que China no interferiría en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2024, una garantía que fue reiterada por el ministro de Asuntos Exteriores chino al asesor de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan. Sin embargo, China estaba haciendo algo que preocupaba profundamente a Washington: estaba ayudando a Rusia a reconstruir su base industrial de defensa. No era ayuda letal directa para la invasión de Ucrania, pero era algo casi tan importante. Era el comercio que permitía a Rusia seguir peleando. Un funcionario de la administración lo describió así: China estaba "esencialmente reponiendo el comercio de sus socios europeos". En otras palabras, mientras Europa se alejaba de Rusia por la guerra, China estaba llenando el vacío.

La llamada del martes fue un intento de abordar todo esto sin que la relación se rompiera. Ambos líderes acordaron revisar el progreso en áreas donde habían hecho compromisos en noviembre: la restauración de las comunicaciones militares entre los dos países, los esfuerzos conjuntos para frenar la producción de fentanilo. Fue un control de lo que había sucedido en los últimos cinco meses. Y ambos lados expresaron su esperanza de que hubiera otra reunión en persona pronto. Porque en el fondo, en un mundo donde dos superpotencias nucleares necesitaban encontrar formas de convivir, incluso una conversación incómoda era mejor que el silencio.

No creo que alguna vez tomemos la palabra de los chinos cuando dicen que harán o no algo. Se trata de verificar, como dice el presidente.
— Alto funcionario de la administración Biden a CNN
Confía pero verifica
— Frase pronunciada por Biden después de su cumbre con Xi en noviembre
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué esta llamada importa ahora, en este momento específico?

Model

Porque el mundo está en llamas en varios lugares a la vez. Gaza, Ucrania, Corea del Norte. Cuando hay tanta turbulencia, dos potencias nucleares necesitan poder hablar, o los malentendidos pueden convertirse en algo mucho peor.

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Pero Biden llamó a Xi un dictador hace apenas cinco meses. ¿Cómo se recupera de eso?

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No se recupera completamente. Eso es lo que significa "confía pero verifica". Ambos lados saben que hay desconfianza profunda. Pero también saben que no pueden permitirse que esa desconfianza se convierta en conflicto abierto.

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¿Qué es lo que realmente preocupa a Estados Unidos aquí?

Model

Tres cosas principalmente. Primero, Taiwán. Segundo, que China está ayudando a Rusia a seguir peleando en Ucrania. Tercero, que China está hackeando infraestructura crítica estadounidense. Son cosas que podrían escalar rápidamente.

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¿Y qué quiere China de Estados Unidos?

Model

Reconocimiento. Respeto. Que Estados Unidos no interfiera en lo que China considera sus asuntos internos. Y acceso a mercados. Pero también necesita que Estados Unidos no la aísle completamente.

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¿Entonces esto es solo un teatro diplomático?

Model

No. Es real, pero es frágil. Ambos lados están intentando establecer reglas para una competencia que de otro modo podría volverse destructiva. Pero esas reglas pueden romperse en cualquier momento.

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¿Qué viene después?

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Más viajes. Más llamadas. Un intento de construir suficiente confianza para que cuando ocurra la próxima crisis, haya un teléfono que ambos lados puedan levantar.

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