En la Asamblea de Madrid, Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid, ha colocado sobre la mesa conceptos que el debate político español lleva décadas esquivando: expropiación, redistribución y gravamen progresivo a las grandes fortunas. Su propuesta de limitar la propiedad a diez viviendas por persona no es solo una medida técnica, sino una declaración de qué ciudad —y qué democracia— considera posible. En un Madrid donde la brecha entre los áticos y los barrios se ensancha cada año, Bergerot apuesta por que la mejora material de la vida cotidiana puede ser, también, un programa electoral ganad