Antes empezamos, antes acabamos
López de Arriortúa implementó métodos de eficiencia japoneses en fábricas españolas, transformando costes y productividad en toda la industria automovilística mundial. Su fichaje por Volkswagen desde General Motors desencadenó un litigio de dos años que resultó en una indemnización de 1.100 millones de dólares entre ambos gigantes.
- Nacido en Amorebieta, Bizkaia, en 1941; fallecido el 10 de junio a los 84 años
- Nombrado vicepresidente mundial de General Motors en abril de 1992
- El litigio entre GM y Volkswagen resultó en mil cien millones de dólares en compensaciones
- Sufrió un grave accidente automovilístico el 8 de enero de 1998 en Burgos que lo dejó en coma
José Ignacio López de Arriortúa, ejecutivo vasco fallecido a los 84 años, revolucionó la industria automovilística global en los años noventa mediante innovaciones en eficiencia y relaciones con proveedores, protagonizando un histórico enfrentamiento entre General Motors y Volkswagen.
José Ignacio López de Arriortúa murió el 10 de junio a los 84 años, dejando atrás una década de los noventa que transformó la forma en que el mundo fabrica automóviles. El ingeniero vasco nacido en Amorebieta en 1941 llegó a ser conocido como Superlópez durante sus años de mayor influencia, cuando su nombre era sinónimo de revolución industrial en las plantas de producción de General Motors y Volkswagen. Su legado no fue el de un ejecutivo de despacho, sino el de un hombre que creía que los problemas se resolvían a pie de fábrica, donde estaban las máquinas y los trabajadores, no en las oficinas corporativas.
López de Arriortúa aplicó métodos de eficiencia inspirados en prácticas japonesas a un contexto completamente distinto: la España de la transición democrática. Revolucionó las escalas de costes y productividad en las líneas de ensamblaje de vehículos y en las instalaciones de los proveedores de componentes. Su enfoque era implacable. Algunos proveedores lo acusaban, en voz baja y de forma anónima, de apretar los precios hasta el límite, reduciendo sus márgenes mientras los constructores de automóviles veían dispararse sus ganancias. Pero López de Arriortúa no trabajaba solo. Se rodeaba de un equipo al que llamaba sus guerreros, aunque él era el líder incuestionable, el que establecía las reglas y exigía que se cumplieran sin excepciones.
Su capacidad de trabajo era legendaria. Bajaba de un avión procedente de Estados Unidos un domingo por la noche y ofrecía una conferencia en Madrid con la tarjeta de embarque aún asomando del bolsillo. En esa charla a empresarios, incluyó una receta para el éxito: fruta y agua, nada de patatas fritas, que eran el enemigo porque impedían la concentración en las largas jornadas. Llevaba el reloj en la muñeca derecha como recordatorio de las tareas pendientes. Convocaba a su equipo a reuniones de trabajo los sábados a las seis de la mañana, con la lógica de que empezando pronto acababan pronto y podían pasar el resto del fin de semana con sus familias. Pero nadie podía mirar el reloj con impaciencia. Lo prohibía directamente.
Su carrera despegó en la fábrica de Opel en Figueruelas, Aragón, entonces filial europea de General Motors. Las mejoras de eficiencia que implementó—menos tiempo de fabricación, eliminación de tiempos muertos, aumento de productividad por empleado—lo llevaron a ser máximo responsable de compras de Opel en Europa, dirigiendo operaciones desde Rosenheim, Alemania, donde le pusieron el apodo de Superlópez. En abril de 1992, General Motors lo nombró vicepresidente mundial, el cargo más alto alcanzado por un español en la industria automotriz. Se trasladó a Detroit, a la sede central de la marca. La revista Time lo destacó como uno de los ejecutivos del año.
Pero entonces vino el giro. López de Arriortúa tenía un sueño: implantar una fábrica de coches en su pueblo, Amorebieta. General Motors no estaba interesada. El ingeniero vasco fichó por Volkswagen y regresó a Europa. La corporación estadounidense lo denunció por espionaje industrial. Un juez estadounidense llegó a solicitar su extradición. Tras dos años de litigio, Volkswagen aceptó comprar componentes a General Motors por mil millones de dólares, más una indemnización de cien millones. El acuerdo entre los dos gigantes incluía la salida de López de Arriortúa de Volkswagen, con quien no podría volver a colaborar ni como asesor.
Mientras tanto, el proyecto de Amorebieta se había empequeñecido con los años y los problemas. En 1997, López de Arriortúa diseñó un prototipo de automóvil llamado Carmen, que fue construido y guardado en secreto hasta su presentación en 2018, ya como homenaje a su creador. El Carmen incluía avances técnicos como puertas sin manillas y cámaras para facilitar el aparcamiento, innovaciones que no se generalizarían en la industria hasta décadas después. Con el respaldo del PNV y la Diputación de Bizkaia, compró un millón de metros cuadrados en el barrio Boroa de Amorebieta para la fábrica. Hoy ese terreno es la sede de AIC, un complejo tecnológico dedicado al automóvil. Durante sus años como estrella empresarial, la expectación era tan grande que la televisión pública vasca retransmitió en directo una rueda de prensa que López de Arriortúa dio nada más aterrizar en el Aeropuerto de Barajas de Madrid.
En esos años también creó, junto a un grupo de empresarios, el Instituto Sectorial de Gestión y Promoción de Empresas, Inssec, para formar grupos líderes en diversos sectores. Inssec fue el embrión de las actuales CIE Automotive y Dominion, y contó con la participación de Francisco Riberas, presidente de Gestamp, la familia Matutes, Juan Abelló, Pedró Ballvé y otros inversores. Pero el 8 de enero de 1998, López de Arriortúa sufrió un grave accidente automovilístico en Burgos cuando regresaba de Madrid. Su coche se chocó contra un camión. Pasó varios días en coma. Se recuperó, pero con secuelas que lo alejaron para siempre de la prensa económica y del poder corporativo. José Ignacio López de Arriortúa ya no volvió a ser el mismo. En sus últimos años residía en Busturia, donde falleció.
Notable Quotes
Se definía a sí mismo como un aldeano, un ingeniero industrial que revolucionó las relaciones entre proveedores y marcas de automoción no solo en España sino en toda la industria global— Descripción de López de Arriortúa
Expresó su respeto al señor trabajador, en referencia a los operarios de las fábricas, una devoción que se le quedó impregnada desde sus primeras prácticas en Izar— Caracterización de su filosofía laboral
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un ejecutivo de automoción sigue siendo recordado décadas después de su caída?
Porque cambió la forma en que el mundo fabrica coches. No fue un teórico. Bajaba a las fábricas, veía dónde estaban los problemas reales, y los resolvía. Eso era revolucionario en los años noventa.
Pero también fue controvertido. Los proveedores lo acusaban de apretar precios.
Sí, porque su lógica era implacable: si el proveedor puede hacerlo más barato, debe hacerlo. Eso beneficiaba al constructor de automóviles, pero no a todos. Algunos lo veían como un depredador.
¿Y el conflicto entre General Motors y Volkswagen? ¿Realmente fue espionaje?
Nunca se probó. Lo que pasó fue que López de Arriortúa se fue de GM a VW porque GM no quería financiar su fábrica en Amorebieta. GM se sintió traicionada y lo denunció. El litigio costó mil cien millones de dólares.
Eso es una cifra enorme. ¿Valió la pena para Volkswagen?
Probablemente no. López de Arriortúa no pudo seguir trabajando para VW después del acuerdo. Fue una victoria pírrica para ambas partes.
¿Qué pasó con su sueño de la fábrica en Amorebieta?
Se convirtió en un complejo tecnológico llamado AIC. No fue la fábrica de coches que imaginaba, pero el terreno que compró sigue siendo un símbolo de su ambición. Y el prototipo Carmen, que diseñó en secreto, demostró que estaba adelantado a su tiempo.
¿Cómo cambió el accidente de 1998 su vida?
Lo cambió todo. Pasó días en coma. Cuando despertó, ya no era el mismo. Las secuelas lo alejaron del poder corporativo para siempre. Un hombre que vivía para trabajar, que no dormía, que medía el tiempo en tareas pendientes, de repente no pudo seguir así.