Alcalde de Sincelejo denuncia amenazas de muerte del Clan del Golfo y pide protección urgente

El alcalde Yahir Acuña y miembros de su familia enfrentan amenazas de muerte que comprometen su integridad física y seguridad personal.
No retrocederé en la lucha contra el crimen organizado
El alcalde Acuña reafirma su compromiso con la seguridad a pesar de las amenazas de muerte que enfrenta.
Mark

¿Por qué crees que el alcalde decidió hacer pública esta amenaza en lugar de mantenerla en silencio?

Mimi

Porque el silencio habría sido una derrota. Si se callaba, los criminales ganaban. Hacerlo público es una forma de decir: esto está pasando, el Estado tiene que responder, no puedo gobernar con miedo en la sombra.

Mark

¿Tiene sentido que justamente cuando la ciudad mejora en seguridad, el alcalde reciba amenazas?

Mimi

Tiene todo el sentido. Los criminales no amenazan cuando están ganando. Amenazan cuando pierden territorio, cuando sus operaciones se desmoronan. Es una señal de que los operativos funcionan.

Mark

¿Qué tan grave es que el gobierno nacional aún no se haya pronunciado?

Mimi

Es preocupante. Un alcalde que denuncia amenazas de muerte merece una respuesta rápida, no silencio. El silencio sugiere que todavía están evaluando, que no hay un plan listo.

Mark

¿Crees que Acuña seguirá con las mismas estrategias de seguridad?

Mimi

Dijo que no retrocedería. Pero la realidad es que gobernar bajo amenaza de muerte cambia todo. Aunque diga que sigue adelante, la amenaza ya está dentro de su cabeza, de su familia. Eso es lo que buscan los criminales: paralizarte.

Mark

¿Qué pasa con Sincelejo si el alcalde tiene que abandonar el cargo por seguridad?

Mimi

Sería una victoria para el crimen organizado. Significaría que lograron expulsar al funcionario que estaba ganando la batalla. Y eso enviaría un mensaje a otros alcaldes: si luchas contra nosotros, te sacamos.

  • El alcalde Acuña y su familia enfrentan amenazas de muerte concretas, comunicadas a través de las autoridades, que ponen en riesgo inmediato su integridad física.
  • Los grupos criminales Clan del Golfo y Los Norteños habrían ordenado las intimidaciones como represalia directa por operativos que erosionaron su control territorial y sus economías ilegales.
  • Sincelejo, paradójicamente, es hoy una de las ciudades con mejores indicadores de seguridad del país, lo que convierte el éxito institucional en detonante de la amenaza.
  • Acuña rechazó cualquier repliegue y anunció que continuará con las estrategias anticriminales, pero exigió medidas de protección urgentes al presidente Petro y a la Unidad Nacional de Protección.
  • El gobierno nacional guarda silencio público mientras organismos de inteligencia evalúan medidas y monitorean el movimiento de las estructuras delictivas en la región.

En Sincelejo, el alcalde Yahir Acuña ha recibido amenazas de muerte atribuidas al Clan del Golfo y Los Norteños, presuntamente como represalia por los operativos de seguridad que han debilitado a estas estructuras criminales en la región de Sucre. La paradoja es reveladora: el éxito en la reducción del crimen se convierte en blanco para quienes lo sufren. Acuña ha pedido protección urgente al presidente Petro y a los organismos competentes, mientras el gobierno nacional aún no ha respondido públicamente. Es el precio que a veces cobra el orden cuando desafía al poder que vive del desorden.

Yahir Acuña, alcalde de Sincelejo, reveló públicamente que grupos criminales lo habían amenazado de muerte, junto a su familia y equipo de trabajo. Las intimidaciones, según su denuncia difundida en redes sociales, provenían del Clan del Golfo, Los Norteños y otras estructuras que operan en Sucre.

El contexto era difícil de ignorar. En los últimos meses, la administración municipal había coordinado con la Policía Nacional y el Ejército una serie de operativos que dejaron capturas, controles territoriales e intervenciones focalizadas. Acuña interpretó las amenazas como una represalia directa de quienes veían desmoronarse su poder. Lo irónico es que esos mismos esfuerzos habían convertido a Sincelejo en una de las ciudades con mejores indicadores de seguridad del país.

Lejos de anunciar un retroceso, el alcalde fue enfático: seguiría adelante con las estrategias anticriminales. Pero también lanzó un llamado de emergencia al presidente Gustavo Petro, a la Unidad Nacional de Protección y a los organismos competentes, exigiendo medidas urgentes para resguardar su vida y la de quienes lo rodean.

Hasta el cierre de esta edición, el gobierno nacional no se había pronunciado públicamente. Los organismos de inteligencia mantenían vigilancia sobre los grupos criminales, conscientes de que los avances en seguridad no han eliminado su presencia en la región. El alcalde puso el tema sobre la mesa. La respuesta del Estado está pendiente.

Yahir Acuña, alcalde de Sincelejo, hizo pública una amenaza que había recibido a través de las autoridades: grupos criminales lo tenían en la mira. No solo a él, sino también a su familia y a su equipo de trabajo. Según su denuncia difundida en redes sociales, las intimidaciones provenían del Clan del Golfo, Los Norteños y otras estructuras delictivas que operan en la región de Sucre.

La conexión entre la amenaza y los hechos recientes en la ciudad parecía clara. Durante los últimos meses, la administración municipal había coordinado con la Policía Nacional, el Ejército y otros organismos de seguridad una serie de operativos contra el crimen organizado. Esos golpes habían dejado huella: capturas, controles territoriales, intervenciones focalizadas. Acuña interpretaba las amenazas como una represalia directa, una respuesta de grupos criminales que veían erosionarse su poder y sus economías ilegales.

Lo paradójico era que Sincelejo, precisamente por esas acciones coordinadas, se había convertido en uno de los referentes de seguridad del país. Los números lo confirmaban: reducciones significativas en delitos de alto impacto, indicadores que colocaban a la capital sucreña entre las ciudades con mejor desempeño en materia de orden público según mediciones recientes de las autoridades. Era un éxito que ahora le costaba caro al alcalde.

Acuña no anunció un repliegue. En su pronunciamiento dejó claro que no pensaba retroceder en la lucha contra el crimen organizado, que seguiría adelante con las estrategias de seguridad. Pero también fue directo en su petición: pidió al presidente Gustavo Petro, a la Unidad Nacional de Protección y a los organismos competentes que tomaran medidas urgentes. No era una solicitud de consejo; era un llamado de emergencia para proteger su integridad, la de su familia y la de quienes trabajaban con él.

Hasta el momento, el gobierno nacional guardaba silencio público. Las autoridades evaluaban qué hacer, qué medidas implementar para resguardar al mandatario. Los organismos de inteligencia, mientras tanto, mantenían vigilancia sobre el movimiento de los grupos criminales, conscientes de que aunque Sincelejo mostraba avances, la presencia de estas estructuras seguía siendo una realidad en la región. El alcalde había puesto el tema sobre la mesa. Ahora quedaba ver cómo respondería el Estado.

Las intimidaciones serían una respuesta a los golpes que las autoridades han propinado a estas organizaciones en los últimos meses
— Yahir Acuña, alcalde de Sincelejo
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