Hay pérdidas que no tienen nombre en los rituales colectivos: la de los padres que nunca llegaron a ser lo que se necesitaba. La psicóloga Alicia González señala que muchas personas cargan en silencio con una esperanza subterránea de que sus progenitores cambiarán algún día, y que mientras esa esperanza persiste, el dolor no puede cerrarse. Hacer duelo por esa figura parental idealizada —no por quien murió, sino por quien nunca existió— es, según González, el camino hacia una paz que no depende de que el otro cambie.
Aceptar a los padres requiere hacer duelo por quiénes nunca fueron
Muchas personas experimentan orfandad emocional y sufrimiento prolongado por la falta de apoyo parental, afectando su bienestar psicológico incluso cuando los progenitores siguen vivos.