Desde las costas del Mediterráneo hasta las cocinas chilenas, el aceite de oliva extra virgen ha recorrido un largo camino entre la tradición y la ciencia. Lo que los investigadores confirman hoy es lo que culturas antiguas intuían: que este líquido dorado, en su forma más pura y sin refinar, contiene compuestos que protegen el corazón humano del deterioro y la inflamación. La sabiduría, sin embargo, reside no solo en consumirlo, sino en hacerlo con medida y en reemplazo de lo que daña, no como adición a ello.