En el campus de Meta en Menlo Park, Mark Zuckerberg ofreció una visión del futuro tecnológico donde la inteligencia artificial —o 'superinteligencia', en el lenguaje que ahora comparte con la administración Trump— pertenece a todos y no a unos pocos elegidos. Su argumento, que él mismo reconoció como controvertido, sitúa la distribución masiva de la IA como un acto de responsabilidad colectiva, no de riesgo. Mientras presenta nuevos dispositivos para encarnar esa visión, el sector se fractura entre quienes ven en la regulación una salvaguarda necesaria y quienes la consideran una amenaza a la