Hace ocho meses, Zohran Mamdani tomó posesión como el primer alcalde socialista en la historia de Nueva York, no como un gesto simbólico, sino como la encarnación de una tesis política concreta: que la democracia pierde su sentido cuando los ciudadanos no pueden cubrir sus necesidades más elementales. Su llegada al poder en la ciudad más grande del país ha encendido una conversación que trasciende los cinco condados, obligando al Partido Demócrata a preguntarse qué significa, hoy, gobernar para la clase trabajadora. Nueva York, como tantas veces antes, se convierte en el laboratorio donde se e