En los márgenes donde lo extraordinario roza lo cotidiano, Zhang Ziyu —con sus 2,23 metros de estatura— se ha convertido en la jugadora de baloncesto más alta de la historia profesional, protagonizando el Mundial con una presencia que redefine los límites físicos del deporte. Sin embargo, la verdadera tensión de su historia no reside en las cifras, sino en la brecha entre el asombro colectivo que despierta y la sencillez con la que ella se reconoce: una chica joven que teje peluches y juega baloncesto. Su figura nos recuerda que los récords son datos, pero las personas son algo más difícil de