El siguiente paso podría ser un uso mucho mayor del contingente norcoreano
En el cruce entre la guerra y la diplomacia global, Ucrania confirmó en Budapest lo que muchos temían: soldados norcoreanos ya combaten y mueren en suelo europeo, transformando un conflicto bilateral en una confrontación de alcance internacional. Mientras Zelensky pedía armas y voluntad política desde una cumbre europea, Putin extendía una mano calculada hacia Trump, cuya victoria electoral abre una incógnita sobre el futuro del apoyo occidental a Kyiv. La guerra en Ucrania ha dejado de ser solo la historia de dos naciones para convertirse en el espejo donde el orden mundial del siglo XXI se examina a sí mismo.
- Once mil soldados norcoreanos desplegados en Kursk ya han entrado en combate directo contra fuerzas ucranianas, con bajas confirmadas en ambos bandos.
- La llegada de Trump a la Casa Blanca amenaza con reducir drásticamente el apoyo estadounidense a Kyiv, lo que Putin interpreta como una oportunidad estratégica para negociar en posición de fuerza.
- Ucrania soporta una presión militar sin precedentes: ataques diarios con drones desde el 1 de septiembre y lo que su propio jefe militar describe como una de las ofensivas rusas más intensas desde el inicio de la guerra.
- Zelensky exige desde Budapest autorización para usar armas de largo alcance, advirtiendo que sin ellas el contingente norcoreano podría multiplicarse en los próximos meses.
- El margen de maniobra ucraniano se estrecha: el futuro del país depende cada vez más de decisiones que se tomarán en Washington y Moscú, no en Kyiv.
En Budapest, durante una cumbre europea, Zelensky confirmó que soldados norcoreanos ya participaban en combates letales contra fuerzas ucranianas en la región de Kursk. Once mil efectivos de Corea del Norte habían sido desplegados allí como respuesta de Moscú a la incursión ucraniana en territorio ruso —la primera invasión terrestre de Rusia por una potencia extranjera desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque Zelensky no precisó el número de bajas, su declaración pública marcó un punto de inflexión: la guerra se había vuelto algo más que un conflicto entre dos vecinos.
A miles de kilómetros, en Sochi, Putin ofrecía sus primeros comentarios sobre la victoria de Trump. El líder ruso se mostró abierto al diálogo y elogió al presidente electo, cuyas promesas de campaña —terminar la guerra en 24 horas, cuestionar el apoyo continuo a Ucrania— eran vistas en Moscú como una oportunidad. Analistas advirtieron que un acuerdo rápido impulsado por Trump podría congelar el conflicto, dejando a Rusia con los territorios ucranianos que ya controla.
Zelensky rechazó cualquier concesión, pero su posición se erosionaba. Ucrania enfrentaba oleadas diarias de ataques con drones —sin una sola noche de calma en Kyiv desde septiembre— y una ofensiva rusa que su propio mando militar calificó como una de las más intensas desde el inicio de la guerra. Desde Budapest, el presidente ucraniano lanzó un llamado urgente: sin armas de largo alcance y sin presión política internacional, el contingente norcoreano podría crecer de forma significativa. La ventana para cambiar el rumbo de la guerra se cerraba, y las decisiones más importantes ya no dependían únicamente de Ucrania.
En Budapest, durante una cumbre de líderes europeos, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky confirmó lo que hasta entonces había sido un rumor creciente: soldados norcoreanos estaban muriendo en el campo de batalla ucraniano. Once mil efectivos del ejército de Corea del Norte se encuentran desplegados en la región rusa de Kursk, fronteriza con Ucrania, y algunos ya han participado en enfrentamientos letales contra las fuerzas de Kyiv. Zelensky no especificó cuántos habían caído ni de qué lado provenían las bajas, pero su confirmación marcó un punto de inflexión: la guerra que comenzó como un conflicto bilateral entre Rusia y Ucrania se estaba transformando en algo más amplio.
La presencia norcoreana en Kursk responde a la incursión militar ucraniana que lleva tres meses en territorio ruso. Cuando Ucrania lanzó esa ofensiva sorpresa —la primera invasión terrestre de Rusia por una potencia extranjera desde la Segunda Guerra Mundial—, Moscú respondió reforzando sus defensas con tropas de Pyongyang. Estados Unidos, Corea del Sur y Ucrania habían advertido sobre este despliegue semanas atrás, pero la confirmación de Zelensky de que ya hay bajas en combate elevó la tensión diplomática. El New York Times había reportado días antes que varios soldados norcoreanos habían muerto en enfrentamientos limitados, citando a funcionarios estadounidenses y ucranianos, pero ahora el propio presidente ucraniano lo hacía público.
Mientras Zelensky hablaba en Budapest, a miles de kilómetros de distancia, en la ciudad costera rusa de Sochi, Vladimir Putin ofrecía sus primeros comentarios públicos sobre la victoria electoral de Donald Trump. El líder ruso dijo estar listo para dialogar con el presidente electo republicano y sugirió que los comentarios de Trump sobre terminar la guerra en Ucrania "merecen al menos atención". Putin felicitó a Trump por su victoria y elogió su conducta "valiente" tras el intento de asesinato de julio. El mensaje era claro: Moscú veía una oportunidad en la llegada de Trump a la Casa Blanca.
Esa oportunidad se basaba en las promesas de campaña de Trump. El presidente electo había dicho que terminaría la guerra "en 24 horas" y sugirió que Ucrania debería haber "cedido un poco" a Moscú. Su compañero de fórmula, J.D. Vance, había expresado dudas serias sobre el compromiso estadounidense continuo con Kyiv. Para Zelensky y sus aliados en la OTAN, esto representaba una amenaza existencial. Dos años y medio después de la invasión rusa, la posibilidad de que Estados Unidos redujera drásticamente su apoyo a Ucrania no era especulación sino un escenario que debían prepararse a enfrentar. Jill Dougherty, exjefa de la oficina de CNN en Moscú y ahora profesora en Georgetown, explicó que un acuerdo rápido de Trump "esencialmente congelaría todo en su lugar", lo que significaría que Rusia mantendría el territorio ucraniano que ha conquistado, probablemente incluyendo Donbás y Crimea.
Zelensky rechazó repetidamente cualquier sugerencia de hacer concesiones a Rusia. Pero su posición se debilitaba por la realidad del campo de batalla. Ucrania enfrentaba una presión militar intensa. Su jefe militar advirtió que sus fuerzas se enfrentaban a "una de las ofensivas rusas más poderosas" desde el inicio de la guerra. Moscú lanzaba oleadas constantes de ataques con drones de largo alcance sobre ciudades ucranianas, incluyendo drones señuelo sin carga explosiva diseñados para abrumar las defensas aéreas. Zelensky había advertido que desde el otoño anterior Moscú había incrementado diez veces sus ataques con drones Shahed de fabricación iraní. En la capital, no había habido una sola noche sin un ataque con drones desde el 1 de septiembre.
Desde Budapest, Zelensky hizo un llamado desesperado a los líderes mundiales. Pidió permiso para usar armas de largo alcance mientras Ucrania enfrentaba lo que describió como una "nueva ola de escalada" que involucraba "el Ejército de otro estado en la guerra contra Ucrania". Su advertencia fue clara: sin esas armas y sin presión política sobre Rusia, el contingente norcoreano podría expandirse significativamente. "Creemos que si no usamos armas apropiadas y presión política sobre la Federación Rusa, el siguiente paso podría ser un uso mucho mayor del contingente norcoreano", dijo. La ventana para cambiar el curso de la guerra se estaba cerrando, y Zelensky lo sabía. Con Trump en camino a la presidencia y Putin abierto al diálogo, el futuro de Ucrania dependería de decisiones que ya no estaban completamente en sus manos.
Citações Notáveis
Once mil soldados norcoreanos están actualmente en el territorio de la Federación Rusa en la frontera con Ucrania. Algunas de estas tropas ya han participado en hostilidades contra el Ejército ucraniano. Sí, ya hay pérdidas, esto es un hecho.— Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania
Estamos listos para dialogar con el presidente electo republicano, y sus comentarios sobre poner fin a la guerra merecen al menos atención.— Vladimir Putin, presidente de Rusia
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué es tan significativo que Zelensky confirme públicamente estas bajas norcoreanas ahora, en este momento específico?
Porque hasta ese momento era un secreto a voces. Todos sabían que estaban allí, pero mientras fuera denegable, Moscú podía mantener la ficción de que era un conflicto bilateral. Una vez que el presidente ucraniano lo confirma en una cumbre europea, se convierte en un hecho diplomático que no se puede ignorar.
¿Qué le preocupa más a Zelensky en este instante: los soldados norcoreanos en el campo o la posibilidad de que Trump negocie sin él?
Ambas cosas están conectadas. Los soldados norcoreanos son un síntoma de que Rusia está ganando tiempo y recursos. Pero lo que realmente lo asusta es que Trump podría presionar a Ucrania a aceptar un acuerdo que congele la guerra en su estado actual, dejando a Rusia con el territorio que ha conquistado.
Putin dice que está listo para dialogar. ¿Eso es una posición de fuerza o debilidad?
Es ambiguo. Podría ser que Putin sienta que tiene ventaja militar y quiera consolidarla mediante negociaciones. O podría ser que vea en Trump una oportunidad que no tendrá después, si la administración Biden continuara. Lo que es claro es que Putin está jugando al mismo juego que Trump: ambos hablan de paz, pero desde posiciones muy diferentes.
Zelensky pide armas de largo alcance. ¿Por qué eso es tan crucial en este momento?
Porque sin ellas, Ucrania no puede alcanzar objetivos estratégicos rusos. Está luchando con una mano atada. Si pudiera atacar depósitos de municiones, bases aéreas o centros de comando rusos, podría cambiar el equilibrio. Pero mientras eso no suceda, está condenada a una guerra de desgaste que Rusia puede sostener indefinidamente, especialmente con refuerzos norcoreanos.
¿Cuál es el escenario más probable en los próximos meses?
Depende de Trump. Si presiona a Ucrania para negociar, Rusia consolidará sus ganancias. Si mantiene el apoyo estadounidense, la guerra continúa en un punto muerto. Lo que parece menos probable es que Ucrania logre recuperar territorio significativo sin un cambio dramático en el apoyo occidental.