Zaragoza descubre necrópolis islámica del siglo X con 85 cuerpos en antiguo convento

La Zaragoza árabe era más grande de lo que los documentos antiguos habían permitido imaginar
Los enterramientos islámicos hallados al sur del río Huerva reescriben el mapa conocido de la ciudad medieval de Saraqusta.
Mark

¿Por qué importa que la necrópolis esté al sur del río y no al norte? ¿No es solo un detalle geográfico?

Mimi

No es un detalle menor. Durante siglos, los historiadores creían que el Huerva era una frontera clara de la ciudad medieval. Estos ochenta y cinco cuerpos dicen que la Zaragoza árabe cruzaba ese río, que era más grande de lo que pensábamos. Reescribe el mapa.

Mark

¿Cómo se dataron los enterramientos en el siglo X específicamente?

Mimi

Por la estratigrafía, por la cerámica asociada, por la orientación de las tumbas según el rito islámico. Los arqueólogos leen las capas del suelo como un libro. Estos cuerpos estaban bajo los cimientos del convento del XVI, así que tenían que ser mucho más antiguos.

Mark

¿Qué pasa ahora con los restos? ¿Se quedan en Zaragoza o se dispersan?

Mimi

Se trasladaron para estudio especializado. Eso significa análisis de ADN, de isótopos, de patologías óseas. Los cuerpos van a revelar dieta, origen, enfermedades. Cada hueso es un documento.

Mark

¿Esto cambia lo que sabemos sobre la conquista de Zaragoza en 1118?

Mimi

No cambia la fecha ni los hechos políticos, pero sí la escala. Si la ciudad era más grande de lo que creíamos, entonces la conquista de Alfonso I fue sobre un territorio más vasto, una población más numerosa. Es como descubrir que una batalla fue más importante de lo que los libros decían.

Mark

¿Hay más necrópolis esperando bajo Zaragoza?

Mimi

Casi seguro. Cada obra de construcción, cada excavación, trae sorpresas. Zaragoza está construida sobre capas de historia. Mientras siga creciendo, seguirá encontrando sus propios muertos.

  • Ochenta y cinco enterramientos islámicos del siglo X aparecieron sin previo aviso bajo un convento carmelita durante obras rutinarias en el río Huerva, sacudiendo lo que se creía saber sobre la Zaragoza medieval.
  • El descubrimiento contradice directamente los registros históricos: la ciudad árabe de Saraqusta, que se suponía limitada al norte del Huerva, se extendía también al sur, lo que obliga a reescribir el mapa urbano medieval.
  • Junto a las tumbas emergieron fragmentos de cerámica conventual, restos de los cimientos carmelitas y proyectiles de mortero napoleónico de los Sitios de 1808 y 1809, convirtiendo el yacimiento en un archivo de siglos superpuestos.
  • Los restos fueron trasladados con éxito a laboratorios especializados, financiados por el Ayuntamiento de Zaragoza, el Gobierno de Aragón y fondos europeos, donde comenzará el análisis individual de cada cuerpo.
  • El hallazgo se suma a una serie de cementerios islámicos descubiertos recientemente en la ciudad, consolidando un esfuerzo arqueológico que reconstruye lentamente la verdadera geografía humana de Saraqusta.

Bajo el suelo de Zaragoza, donde un convento carmelita del siglo XVI guardaba sus cimientos, ochenta y cinco cuerpos islámicos del siglo X esperaban en silencio a ser recordados. Las obras de regeneración del río Huerva los devolvieron a la luz, y con ellos, una verdad incómoda para los mapas históricos: la ciudad musulmana de Saraqusta se extendía más al sur de lo que la memoria escrita había conservado. Este hallazgo no es solo arqueológico; es un recordatorio de que las ciudades tienen capas de identidad que ningún documento puede agotar, y que el pasado sigue hablando desde debajo de nuestros pies.

Bajo los cimientos de un convento carmelita del siglo XVI en Zaragoza dormían ochenta y cinco cuerpos islámicos desde hace más de mil años. El descubrimiento llegó sin anunciarse, durante las obras de regeneración del río Huerva, cuando los arqueólogos municipales dirigidos por José Juan Domingo encontraron los enterramientos orientados según el rito islámico, depositados en las capas de grava natural del subsuelo, siglos antes de que los carmelitas descalzos levantaran su convento en el Camino de las Torres.

Lo que hace extraordinario el hallazgo no es solo el número de cuerpos, sino lo que revelan sobre los límites reales de Saraqusta, la ciudad musulmana que Zaragoza fue durante más de cuatrocientos años. Hasta ahora, los registros históricos situaban la extensión medieval al norte del Huerva. Estos enterramientos del siglo X, encontrados al sur del río, reescriben ese mapa y sugieren que la Zaragoza árabe era más grande de lo que los documentos antiguos habían permitido imaginar.

Junto a las tumbas, el equipo halló fragmentos de cerámica conventual, restos de los cimientos carmelitas y algo inesperado: proyectiles de mortero francés de los Sitios de Zaragoza de 1808 y 1809. También emergieron los vestigios de un puente que conectó el convento con la ciudad medieval. El yacimiento resultó ser un archivo involuntario de siglos superpuestos.

Este no es el primer cementerio islámico que aparece en Zaragoza en los últimos años. Cada tumba desenterrada suma comprensión sobre cómo vivía y moría la población musulmana que habitó la ciudad durante siglos. Los restos fueron trasladados para estudio especializado con financiación conjunta del Ayuntamiento, el Gobierno de Aragón y fondos europeos. Ahora, en laboratorios y archivos, los ochenta y cinco cuerpos comenzarán a contar sus historias. La ciudad que los enterró hace mil años sigue descubriendo quién fue realmente.

Bajo los cimientos de un convento carmelita del siglo XVI, en el corazón de Zaragoza, dormían ochenta y cinco cuerpos islámicos desde hace más de mil años. El descubrimiento llegó sin anunciarse, durante las obras rutinarias de regeneración del río Huerva. Los arqueólogos municipales, dirigidos por José Juan Domingo, jefe de la Sección de Arqueología Municipal, encontraron los enterramientos orientados según el rito islámico, depositados en las capas de grava natural del subsuelo, varios siglos antes de que los carmelitas descalzos levantaran su convento en el Camino de las Torres.

Lo que hace extraordinario este hallazgo no es solo el número de cuerpos recuperados, sino lo que revelan sobre los límites reales de Saraqusta, la ciudad musulmana que Zaragoza fue durante más de cuatrocientos años. Hasta ahora, los registros históricos situaban la extensión de la ciudad medieval al norte del Huerva. Estos enterramientos del siglo X, encontrados al sur del río, reescriben ese mapa. Sugieren que la Zaragoza árabe era más grande, más expansiva, que lo que los documentos antiguos habían permitido imaginar. Durante los siglos VIII al XII, Saraqusta fue la capital de la cora islámica de la Marca Superior, un centro de poder y población que Alfonso I el Batallador conquistaría en 1118.

Los trabajadores que excavaban para construir un nuevo colector de aguas residuales no solo desenterraron huesos. Junto a las tumbas, el equipo halló fragmentos de cerámica con la inscripción «S. Joph descalz» que confirmaban la identidad del convento, restos de los cimientos del edificio carmelita con muros deteriorados por el tiempo, y algo más reciente: fragmentos de proyectiles de mortero francés de los Sitios de Zaragoza de 1808 y 1809, cuando la ciudad resistió los asedios napoleónicos. También emergieron los restos de un puente que una vez conectó el convento con la ciudad medieval.

Este no es el primer cementerio islámico que aparece en Zaragoza en los últimos años. Cada nuevo hallazgo, cada tumba desenterrada, suma capas de comprensión sobre cómo vivía y moría la población musulmana que habitó la ciudad durante siglos. Los rituales funerarios, la distribución de los asentamientos, la verdadera geografía urbana de Saraqusta: todo se recompone lentamente con cada excavación. La necrópolis del Convento de San José es un fragmento más de ese rompecabezas medieval que los arqueólogos zaragozanos llevan años armando.

Los restos fueron retirados con éxito y trasladados para estudio especializado. El Ayuntamiento de Zaragoza, el Gobierno de Aragón, la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Transición Ecológica y el Plan de Recuperación de la Unión Europea financiaron conjuntamente la operación. Ahora, en laboratorios y archivos, los ochenta y cinco cuerpos comenzarán a contar sus historias: quiénes fueron, cómo vivieron, qué enfermedad o edad los llevó a la tumba. La ciudad que los enterró hace mil años sigue descubriendo quién fue realmente.

La aparición de enterramientos islámicos al sur del río apunta a que la Zaragoza árabe se extendía más allá de lo que los registros históricos habían indicado
— Servicio Municipal de Arqueología de Zaragoza
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