En el eterno escenario donde la voz humana busca convertirse en espejo de otra, el Templo de la Imitación de Yo Me Llamo recibió a nuevos aspirantes ante el escrutinio de Amparo Grisales, César Escola y Elder Dayán. Como ocurre en todo rito de paso, algunos demostraron que la técnica y el alma pueden fundirse en un instante capaz de arrancar lágrimas a los más exigentes, mientras otros descubrieron que imitar no es solo reproducir sonidos, sino habitar completamente una identidad ajena. Tres caminos se cerraron esa tarde; otros, apenas comienzan.