Desde las salas de consulta de Stanford hasta las páginas de sus novelas, el psiquiatra Irvin Yalom ha pasado seis décadas respondiendo una pregunta que la mayoría evita: ¿de qué está hecho, en realidad, el miedo a morir? Su hallazgo clínico es tan incómodo como iluminador: no tememos tanto el fin en sí mismo, sino llegar a él cargando con la vida que no nos atrevimos a vivir. En ese espacio entre lo que fuimos y lo que pudimos ser anida la verdadera ansiedad existencial.