En un gesto cargado de simbolismo, Donald Trump recibió a Xi Jinping en Washington con una alfombra roja y protocolo ceremonial reservado para pocas ocasiones, señalando que ambas potencias reconocen la gravedad del momento que atraviesan sus relaciones. El encuentro llega tras veinticinco años de tensiones comerciales irresueltas y en un contexto donde ninguna de las dos naciones puede permitirse ignorar a la otra. La historia observa con atención: cuando los grandes rivales se sientan a la mesa con flores en la entrada, algo está cambiando, aunque aún no se sepa exactamente qué.