En el ciclo perpetuo de lo que llega y lo que parte, Xbox Game Pass redefine en julio-agosto su contrato tácito con los jugadores: ofrece siete títulos nuevos —entre ellos una Halo reconstruida y el debut de acción de Game Freak— mientras despide a ocho juegos queridos como Celeste y Crusader Kings III. Microsoft baja precios para abrir la puerta a más usuarios, pero la rotación constante convierte la abundancia en una forma sutil de urgencia. La pregunta que queda flotando no es qué hay disponible hoy, sino qué tan seguro es confiar en que seguirá estando mañana.