En Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal Kevin Warsh pronunció su advertencia más contundente desde que asumió el cargo: la inflación no cede, y la Fed podría verse obligada a subir las tasas en septiembre. Su mensaje, deliberadamente cauteloso en forma pero inequívoco en fondo, coloca a la institución ante una encrucijada donde la credibilidad y la acción se entrelazan con las expectativas de millones de hogares y mercados globales.