En 2025, la representación plus size en pasarelas fue solo 0,3% y mid size 2%, marcando un retroceso significativo en diversidad corporal. La presión estética actual es más sofisticada: se presenta como autocuidado y salud, no como la violencia explícita de los años 2000.
¿Vuelve la extrema delgadez? Cómo la presión estética se camufla ahora de bienestar
Es una violencia implícita y constante, precisamente por eso más difícil de detectar
¿Por qué ahora la presión estética se disfraza de bienestar si antes era tan explícita?
Porque funciona mejor. La violencia explícita genera resistencia, rechazo. Pero si le dices a una chica que está cuidándose, que está siendo productiva, que está siendo sabia con su salud, es mucho más difícil de cuestionar. Es más infiltrado.
¿Entonces es peor que antes?
Es diferente. Antes podías señalar la revista, el anuncio, la pasarela. Ahora está en el algoritmo, en el filtro que usa tu amiga, en la recomendación que te llega a las tres de la mañana. Es más íntimo, más constante.
¿Y los medicamentos como Ozempic? ¿Son realmente culpables?
No son la causa única, pero encajan perfectamente en una cultura que nunca dejó de premiar la delgadez. Lo que hacen es amplificar una presión que parecía haberse suavizado pero nunca desapareció.
¿Qué ven los psicólogos en consulta que les preocupa?
Conductas que antes eran síntomas de enfermedad ahora se presentan como autocuidado. Medir glucosa sin indicación médica, hipercontrol alimentario, miedo constante a engordar. Todo normalizado, todo envuelto en un lenguaje de salud.
¿Las redes sociales son el problema principal?
Son un amplificador. El problema es que un adolescente inseguro, en plena construcción de identidad, recibe miles de micro impactos diarios de cuerpos imposibles. No es una sola imagen, es la acumulación, el algoritmo que aprende qué te hace scrollear más.
¿Qué se puede hacer realmente?
Enseñar a los jóvenes a leer el código: identificar filtros, sesgos, marketing encubierto. Y en casa, cambiar la relación con el cuerpo. No solo cómo se ve, sino cómo se siente, qué necesita. Eso empieza en la mesa de la cena.
Der Puls
- En 2025, representación plus size en pasarelas: 0,3%; mid size: 2%
- Trastornos de conducta alimentaria aumentaron durante pandemia y persiste el incremento
- Medicamentos GLP-1 como Ozempic utilizados por personas sin obesidad con control médico cuestionable
En 2025, la representación plus size en pasarelas fue solo 0,3% y mid size 2%, marcando un retroceso significativo en diversidad corporal. La presión estética actual es más sofisticada: se presenta como autocuidado y salud, no como la violencia explícita de los años 2000.
La diversidad corporal en pasarelas y alfombras rojas desaparece mientras resurge la extrema delgadez, ahora disfrazada de discursos de salud y bienestar. Expertos advierten sobre el aumento de trastornos de conducta alimentaria, especialmente entre jóvenes.
Hace algunas semanas, directores, actores y observadores de la moda comenzaron a hacer la misma pregunta incómoda: ¿ha vuelto la extrema delgadez de los años 2000? Basta mirar una alfombra roja o recorrer las pasarelas de las principales ciudades del mundo para notar que la diversidad corporal que parecía haberse conquistado en los años previos a la pandemia se está desvaneciendo. Los cuerpos extremadamente delgados han regresado al centro de la escena.
La directora y guionista Chloé Wallace expresó su preocupación en redes sociales, confesando que su trastorno de conducta alimentaria, que creía superado, había vuelto a generar pensamientos intrusivos. No se trata de una impresión aislada. Según un informe de Vogue Business, la representación de modelos plus size en las principales pasarelas mundiales cayó a apenas 0,3% en 2025, mientras que la representación mid size alcanzó solo el 2%. El retroceso es medible y concreto.
Pero lo que distingue este momento del heroin chic de los noventa es algo más insidioso. Laura Alberola, psicóloga sanitaria especialista en trastornos de conducta alimentaria, explica que la presión estética actual no se presenta como la violencia explícita de hace dos décadas. Entonces, la delgadez extrema estaba ligada abiertamente a la moda, la publicidad y la cultura del consumo de productos para adelgazar. Ahora, el mensaje viene envuelto en un lenguaje diferente: salud, bienestar, hábitos, autocuidado, control, incluso productividad. La exigencia corporal persiste, pero más sofisticada y moralizada. Los retoques estéticos se recomiendan incluso antes de los treinta años como prevención, normalizados por influencers jóvenes que los comparten en sus redes como parte de la rutina cotidiana.
Los trastornos de conducta alimentaria aumentaron durante la pandemia y ese incremento persiste. Marina Díaz, psiquiatra responsable de la Unidad de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, observa que aunque aún no hay una repercusión tangible medible en los números de diagnósticos, es llamativo que actrices que protagonizan películas que critican precisamente estos cánones de belleza se conviertan ellas mismas en ejemplos de extrema delgadez. Alberola, por su parte, ha notado en su consulta un aumento de conductas preocupantes: malestar corporal intenso, miedo a engordar, hipercontrol alimentario, dietas con fines de modificación corporal, y una normalización de conductas restrictivas presentadas como autocuidado. Ha visto personas midiendo su glucosa diariamente en casa sin indicación médica alguna. Este malestar configura un terreno de vulnerabilidad clínica que puede convertirse en caldo de cultivo para trastornos alimentarios.
Las redes sociales amplían este efecto de formas múltiples. Díaz explica que cuando los adolescentes, naturalmente inseguros durante la construcción de su identidad, se exponen constantemente a imágenes de cuerpos ideales, esa exposición altera su autoestima y sus expectativas corporales. El scroll infinito precipita la impulsividad cognitiva, generando intolerancia a la frustración. En chicas vulnerables a trastornos bulímicos, esto se traduce en atracones, purgas y mayor desregulación emocional. La exposición también produce insomnio, que puede derivar en depresión, que a su vez puede generar trastornos alimentarios. Alberola matiza que no es una sola imagen la que causa el problema, sino la acumulación de micro impactos a lo largo del tiempo. La presión estética ya no viene solo de pasarelas o revistas, sino del algoritmo, de los filtros, de la comparación constante. Es más continua, más íntima, más difícil de apagar. Acompaña a las adolescentes en el móvil, en su habitación, en su intimidad. Es una violencia implícita y constante, precisamente por eso más difícil de detectar.
En este contexto, los medicamentos agonistas del GLP-1 como Ozempic y Mounjaro, diseñados originalmente para tratar diabetes u obesidad, han contribuido a reactivar el culto a la delgadez. Díaz reconoce que estos tratamientos están haciendo que la delgadez sea nuevamente deseable, aunque advierte que muchas personas que no tienen obesidad los utilizan, con un control médico cuestionable. Alberola no los ve como la única causa, pero sí como parte de un clima cultural que refuerza la idea de que el cuerpo debe corregirse, reducirse, disciplinarse. Lo que observa en consulta es que estos medicamentos pueden apagar intensamente el ruido mental relacionado con la comida y desconectar las señales de hambre, pero no resuelven el problema de base: a veces simplemente lo aplaza mientras se agrava en silencio.
Los expertos coinciden en que se necesitan acciones sociales concretas. Alberola insiste en que no basta intervenir sobre la autoestima individual; hay que intervenir sobre el contexto. Propone enseñar alfabetización digital y emocional: ayudar a identificar filtros, sesgos algorítmicos, marketing encubierto y mensajes que disfrazan la violencia estética de autocuidado. Díaz aboga por controlar el acceso a redes sociales, impulsando leyes que eviten que menores de dieciséis años entren en ellas. Ambas enfatizan la importancia de hablar con los adolescentes, de hacerles entender que la imperfección, el malestar y las emociones negativas son parte normal de la vida. Alberola subraya que esta educación debe comenzar en casa: si una madre come ensalada mientras verbaliza culpa y control mientras su hija come pizza, el mensaje trasciende la comida. La idea de fondo es clara: mientras el valor siga colocado en la apariencia, el sufrimiento corporal seguirá encontrando nuevas formas de expresarse.
Bemerkenswerte Zitate
Ahora el mensaje es distinto: se presenta envuelto en discursos de salud, bienestar, hábitos, autocuidado, control e incluso productividad— Laura Alberola, psicóloga sanitaria especialista en Trastornos de Conducta Alimentaria
La presión estética no viene solo de pasarelas o revistas, sino del algoritmo, de los filtros, de la comparación constante en redes y de una estética extremadamente vigilada que se consume a diario— Laura Alberola