Cada septiembre, cuando las familias reorganizan sus vidas en torno al inicio escolar, los pediatras recuerdan que hay una tarea invisible pero esencial: verificar que los niños tienen sus vacunas al día. La vacunación no es solo un gesto de cuidado individual, sino un pacto silencioso con la comunidad, un escudo que protege a maestros, abuelos y vecinos por igual. La reaparición de brotes de sarampión y difteria en años recientes advierte que los logros de la medicina preventiva no son permanentes si no se sostienen con constancia y con información fiable.