Ante el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen pronunció en Bruselas un discurso que reencuadra el lugar de Europa en el orden global de seguridad: el continente no puede seguir confiando en que Washington acudirá en su defensa cuando las circunstancias lo exijan. Sin rechazar la OTAN, la presidenta de la Comisión propone un reequilibrio histórico que convierte la autonomía estratégica —durante años un ideal abstracto— en una necesidad política urgente para los Veintisiete.