En el umbral de una nueva era geopolítica, Ursula von der Leyen presentó el 17 de septiembre ante el Parlamento Europeo una arquitectura de seguridad que aspira a dotar al continente de una voz propia en su defensa. La propuesta no niega la alianza atlántica, sino que reconoce una verdad incómoda que Europa ha postergado durante décadas: la dependencia indefinida de la protección ajena tiene un costo estratégico. En un momento en que las fronteras orientales presionan y Washington muestra signos de distancia, el bloque europeo intenta, quizás por primera vez con esta claridad, hacerse cargo de