Volkswagen, el gigante automotriz que más factura en el mundo, enfrenta una paradoja reveladora: sus ganancias son cinco veces inferiores a las de Toyota, un rival que ha construido una rentabilidad más sólida con una transición industrial más cautelosa. Esta brecha no es solo contable; es el reflejo de las tensiones estructurales que atraviesan a los fabricantes europeos tradicionales en un momento en que la industria se reinventa desde sus cimientos. La empresa alemana busca reencontrar su propósito original —el coche accesible para el pueblo— como ancla estratégica en medio de una transform