En un momento en que la industria automotriz europea busca redefinirse, Volkswagen ha enviado desde España una señal de permanencia con matices: las fábricas seguirán, pero la identidad que las habitaba cambia de nombre y de rumbo. Thomas Shäfer, máximo ejecutivo del grupo, ha respaldado la eficiencia de las instalaciones españolas mientras Seat, marca nacida en Barcelona con décadas de historia industrial, enfrenta una contracción cuyo horizonte permanece incierto. Lo que emerge no es un abandono, sino una sustitución silenciosa: Cupra ocupa el lugar que Seat va dejando, y con ese relevo se r