En una sociedad que envejece y donde la obesidad afecta a más de una cuarta parte de la población adulta, Perú enfrenta una pregunta silenciosa pero urgente: ¿quiénes realmente necesitan que un médico evalúe sus niveles de vitamina D? La ciencia responde con matices: la vulnerabilidad existe, pero no se traduce automáticamente en deficiencia, ni la deficiencia justifica la automedicación. Lo que se requiere no es alarma colectiva, sino discernimiento clínico individualizado, ese arte antiguo de escuchar al cuerpo de cada persona antes de intervenir.