En los campos de Granma, donde la tierra ha rendido por décadas mucho menos de lo que Cuba necesita, una empresa vietnamita acaba de entregar el primer fruto concreto de una alianza de largo aliento: 470 toneladas de arroz cultivado con tecnología del delta del Mekong, a un rendimiento tres veces superior al promedio nacional. El gesto es modesto frente a la magnitud de la crisis —Cuba produce apenas una fracción de las 600,000 toneladas que requiere cada año— pero señala una dirección distinta: no la promesa de una solución inmediata, sino la paciencia de quien siembra para una cosecha que ta