En un gesto que invierte los símbolos habituales del poder, el vicepresidente colombiano José Manuel Restrepo viajó en clase económica —asiento del medio incluido— desde Bogotá hasta Nueva York para representar a Colombia en la Asamblea General de la ONU. Durante casi seis horas de vuelo, trabajó en su discurso y en una agenda de inversión multilateral, convirtiendo la cabina de un avión comercial en antesala de la diplomacia global. El episodio plantea una pregunta silenciosa sobre qué comunica un funcionario antes de abrir la boca ante los líderes del mundo.