Durante siete años, Verónica Fernández ha ejercido como guardiana silenciosa del imaginario audiovisual que España consume cada noche. Ahora, con mil millones de euros comprometidos hasta 2028 y un pacto inédito con Filmin, Netflix no solo amplía su catálogo: reconoce los límites de su propio modelo y busca, en la diversidad, una respuesta a la pregunta que toda plataforma teme — ¿por qué debería alguien quedarse?