En la apertura del Festival de Venecia, el cine eligió al periodismo como su gran tema: quién cuenta la verdad, cómo se deforma y qué se pierde en el camino. Tres películas —una sobre el legado de George Clooney, otra sobre el nacimiento del tabloide bajo Murdoch y una tercera sobre la fotorreportera Gerda Taro, borrada de la historia— convirtieron la Mostra en un espejo donde la profesión se mira a sí misma con orgullo, vergüenza y deuda pendiente.
Venecia celebra el periodismo con Clooney, Murdoch y la fotorreportera Gerda Taro
Un medio sensacionalista busca ser un espejo, no una ventana
¿Por qué el festival eligió el periodismo como tema central en su apertura?
Creo que es una pregunta que se hace urgente cada año. El periodismo está bajo presión: concentración de medios, desinformación, algoritmos. Venecia decidió mirar eso de frente.
Pero hay que notar que las tres películas no son documentales. Son ficciones sobre el periodismo. ¿Qué nos dicen esas ficciones que la realidad no puede decir?
Clooney habló mucho sobre la IA y las noticias falsas. ¿Es eso realmente el mayor riesgo para el periodismo?
Es uno de los riesgos que lo mantiene despierto. Pero también mencionó la concentración de medios en manos de multimillonarios, que es un problema más inmediato y verificable.
Sí, pero Clooney no profundizó en cómo The Washington Post o X funcionan realmente. Habló de preocupación, no de análisis. La película de Boyle, en cambio, muestra un mecanismo concreto: cómo un medio elige el sensacionalismo sobre la verdad.
¿Qué hace que Gerda Taro sea importante recuperar ahora?
Fue una pionera eclipsada. Tomó fotografías cruciales de la Guerra Civil española junto a Capa, pero la historia solo recordó a él. Su muerte, aplastada por un tanque, quedó en la sombra.
Lo importante es que Marazzi no inventa esa injusticia. Está documentada. Pero la película usa técnicas modernas, anacronismos, para contar una historia antigua. ¿Eso es periodismo o es ficción?
¿Clooney tiene razón en ser optimista sobre el futuro del periodismo?
Dijo que el periodismo ha superado desafíos antes. Eso es verdad. Pero también admitió que se siente retirado, que observa el pasado con melancolía. No es optimismo ingenuo.
Su optimismo viene de su posición: tiene recursos, una fundación, acceso. Para un periodista en una dictadura, la historia es diferente. Clooney lo sabe, por eso apoya a esos periodistas. Pero no confundamos su esperanza con la realidad de quienes están en primera línea.
Der Puls
- Clooney advierte que la inteligencia artificial amenaza con hacer indistinguibles las noticias falsas de la realidad, y señala la concentración de medios en manos de multimillonarios como el mayor peligro estructural del periodismo actual.
- Danny Boyle retrata con ritmo frenético cómo The Sun abandonó la información por el espectáculo bajo Murdoch, planteando una pregunta incómoda: ¿cuándo un medio deja de ser periodismo para convertirse en entretenimiento con apariencia de verdad?
- Gerda Taro, fotorreportera que cubrió la Guerra Civil española junto a Robert Capa, murió aplastada por un tanque republicano y fue eclipsada durante décadas por la fama de su compañero, con muchas de sus imágenes atribuidas solo a él.
- Venecia eligió abrir su edición de 2026 reivindicando el oficio de contar la realidad, recordando que esa realidad ha sido narrada con rigor, con sensacionalismo y, con demasiada frecuencia, sin las voces de quienes la vivieron.
En la apertura del Festival de Venecia, el cine eligió al periodismo como su gran tema: quién cuenta la verdad, cómo se deforma y qué se pierde en el camino. Tres películas —una sobre el legado de George Clooney, otra sobre el nacimiento del tabloide bajo Murdoch y una tercera sobre la fotorreportera Gerda Taro, borrada de la historia— convirtieron la Mostra en un espejo donde la profesión se mira a sí misma con orgullo, vergüenza y deuda pendiente.
Venecia abrió su festival con una declaración de intenciones: el periodismo, en todas sus formas y deformaciones, es materia urgente. Tres películas lo pusieron en el centro, cada una explorando qué significa contar la verdad, quién la cuenta y a qué precio.
George Clooney recibió el León de Oro a su trayectoria completa, un reconocimiento que le había esquivado cuando dirigió Buenas noches, y buena suerte, su homenaje al periodista Edward R. Murrow y su enfrentamiento con el macartismo. En la conferencia de prensa, Clooney habló sobre los desafíos del periodismo contemporáneo: la inteligencia artificial le preocupa más que cualquier otra amenaza, no por vanidad sino porque teme noticias falsas imposibles de distinguir de la realidad. También señaló la concentración de medios en manos de los más ricos del mundo como un problema estructural profundo, aunque expresó optimismo: el periodismo ha superado crisis enormes antes, y su fundación sigue apoyando a periodistas que trabajan bajo dictaduras.
Ink, de Danny Boyle, llevó el tema a territorio más turbio. Basada en una obra teatral, narra cómo The Sun se transformó en los años setenta bajo Rupert Murdoch y el editor Larry Lamb, descubriendo que el espectáculo vendía más que la verdad. Con el estilo nervioso que perfeccionó en Trainspotting, Boyle retrata la escalada populista de un medio que eligió ser espejo en el que mirarse, no ventana para entender el mundo. Guy Pearce encarna a Murdoch y Jack O'Connell da vida a Lamb en un duelo donde el editor termina siendo el más oscuro de los dos.
La tercera película fue La chica de la Leica, de Alina Marazzi, un biopic sobre Gerda Taro, fotorreportera judía alemana cuya vida fue eclipsada por la de su compañero Robert Capa. Marazzi mezcla fotografías históricas con archivos de la Guerra Civil española y los movimientos antifascistas, usando la voz de Taro para recuperar una figura durante mucho tiempo invisible. Muchas imágenes que tomaron juntos fueron atribuidas solo a Capa. Taro murió aplastada por un tanque republicano mientras ambos huían del bando sublevado, y su legado quedó sepultado bajo el de él durante décadas. La película contribuye a la tarea de rescatarlo.
En una jornada dedicada al oficio de contar la realidad, Venecia eligió recordar que esa realidad ha sido narrada de formas muy distintas: a veces con rigor, a veces con sensacionalismo, y a veces ocultando a quienes la vivieron.
Venecia abrió este miércoles su festival de cine con una declaración clara: el periodismo, en todas sus formas y deformaciones, es materia de urgencia. Tres películas lo pusieron en el centro de la conversación, cada una contando una historia diferente sobre qué significa contar la verdad, quién la cuenta y a qué precio.
George Clooney llegó al Lido para recibir el León de Oro a su trayectoria completa, un reconocimiento que le había esquivado dos décadas atrás cuando su segundo largometraje como director, Buenas noches, y buena suerte, compitió sin éxito. Esa película, un homenaje sobrio al periodista Edward R. Murrow y su enfrentamiento con la caza de brujas anticomunista del senador Joseph McCarthy, nació de su admiración por su padre, Nick Clooney, reportero de profesión. En la conferencia de prensa previa a la ceremonia, Clooney habló con la mesura que lo caracteriza sobre los desafíos que enfrenta el periodismo contemporáneo. La inteligencia artificial lo preocupa más que cualquier otra cosa, dijo. No le inquieta que un algoritmo lo coloque en un anuncio de tampones después de su muerte, sino que la IA genere noticias falsas imposibles de distinguir de la realidad. Mencionó a su esposa, Amal Clooney, abogada de derechos humanos, y recordó que se casaron en Venecia, una ciudad que para ambos representa algo más que un destino romántico: un lugar que inspira esperanza.
Clooney fue directo al diagnosticar el problema estructural del periodismo actual. Demasiados medios están concentrados en manos de algunas de las personas más ricas del mundo, señaló, nombrando The Washington Post y la red social X como ejemplos. Esa concentración le preocupa profundamente. Pero también expresó optimismo. El periodismo ha enfrentado desafíos enormes antes, en los años sesenta, y logró superarlos. Desde su fundación, The Clooney Foundation for Justice, trabaja apoyando a periodistas que viven bajo dictaduras. A los 65 años, Clooney admitió que siente cierta melancolía al mirar atrás, que hasta lavarse los dientes se le antoja un gesto nostálgico, pero que ha aprendido a celebrar las cosas a pesar del peso que cargan.
La película inaugural del festival, Ink, de Danny Boyle, llevó el tema del periodismo a territorio más turbio. Basada en la obra teatral de James Graham, cuenta cómo The Sun se transformó en los años setenta bajo el control del empresario australiano Rupert Murdoch y el editor británico Larry Lamb. Boyle, con el estilo nervioso y metralleta que perfeccionó en Trainspotting, retrata la escalada populista de un medio que descubrió que la información televisiva, los deportes, los sucesos y el sexo vendían más que la verdad. La película está llena de frases que cortan como cuchillos sobre qué es y qué no es periodismo. Una idea resume el resto: un medio sensacionalista busca ser un espejo en el que mirarse, no una ventana para entender el mundo. Guy Pearce encarna a Murdoch y Jack O'Connell da vida a Lamb en un duelo entre empresario y editor que termina con Lamb, fallecido en 2000, como el más oscuro de los dos. Boyle logra capturar el ritmo de esa transformación con gracia, aunque los personajes nunca alcanzan la profundidad que merecerían.
La tercera película que puso el periodismo en el centro fue La chica de la Leica, dirigida por Alina Marazzi, que abrió la sección Orizzonti. Es un biopic sobre Gerda Taro, fotorreportera judía alemana cuya vida fue eclipsada por la de su compañero, Robert Capa. Marazzi teje un montaje ágil que mezcla fotografías históricas de Taro y Capa con archivos del NODO, filmaciones de la Guerra Civil española, la Alemania nazi y los movimientos antifascistas de aquellos años. La directora propone una mirada feminista en primera persona, usando la voz de Taro para jugar con anacronismos que viajan de Alemania a Francia y España. Muchas de las imágenes que tomaron juntos fueron atribuidas solo a Capa, cuya fotografía Muerte de un miliciano se convirtió en una de las más célebres y debatidas de la historia. La muerte de Taro complicó aún más la tarea de delimitar su legado: fue aplastada por un tanque republicano mientras ambos huían del bando sublevado durante la Guerra Civil.
Marazzi señaló que presentar esta película en la sección Orizzonti, fuera del concurso principal, era coherente con su contenido. Taro fue durante mucho tiempo invisible, ignorada por la historia. Solo gracias al trabajo de estudiosos contemporáneos podemos conocerla en profundidad. La película contribuye a esa tarea de rescate. En una jornada de apertura dedicada al oficio de contar la realidad, Venecia eligió recordar que esa realidad ha sido contada de formas muy distintas: a veces con rigor, a veces con sensacionalismo, a veces ocultando a quienes la vivieron.
Bemerkenswerte Zitate
El lugar del periodismo está hoy en cuestión. Hay demasiados medios en manos de algunas de las personas más ricas del mundo, y eso es muy preocupante. Pero aún hay sitio para el buen periodismo.— George Clooney, en conferencia de prensa en Venecia
Estar en la segunda sección del festival con esta película es pura coherencia. Esta es la historia de una mujer que fue durante mucho tiempo invisible y ninguneada.— Alina Marazzi, directora de La chica de la Leica