En los primeros días de septiembre, la banda toledana Veintiuno abrió la temporada de encuentros culturales de EL PAÍS ante más de trescientos asistentes en Madrid, no solo para presentar su nuevo álbum sino para recordar una verdad incómoda: que la cultura fuera de las grandes ciudades no sobrevive sin inversión pública deliberada. Quince años después de nacer en los pocos locales de música viva que Toledo ofrecía, el cuarteto sigue siendo prueba viviente de que la obstinación y los espacios compartidos pueden forjar carreras donde no existían precedentes. Su mensaje trasciende el lanzamiento