En las afueras de Barcelona, una empresa de ochenta personas lleva años construyendo en silencio la infraestructura que hace posible guardar la energía que el sol y el viento producen pero no siempre entregan a tiempo. Vector Energy, nacida como distribuidora de electrónica de potencia, ha recorrido el camino que va de revender tecnología ajena a fabricar la propia, y en ese tránsito ha encontrado no solo un modelo de negocio, sino una convicción: que el almacenamiento energético es, al mismo tiempo, una necesidad técnica y una cuestión de soberanía. Su historia es la de muchas empresas europe