En Italia, el exgeneral Roberto Vannacci encarna una corriente que desafía los pilares del orden político occidental desde adentro: cuestiona la OTAN, seduce a un electorado desencantado y enfrenta acusaciones de reconstituir el fascismo. Su ascenso no es solo un fenómeno electoral, sino un síntoma de las fracturas que recorren a la derecha italiana y, por extensión, a la arquitectura de alianzas que Europa construyó tras la Segunda Guerra Mundial. La historia observa con atención cómo las democracias responden cuando sus propias instituciones son desafiadas por quienes alguna vez las sirviero