En Italia, el exgeneral Roberto Vannacci ha irrumpido en el escenario político con Futuro Nacional, un partido que ya supera en sondeos a los históricos aliados de la coalición gobernante de Giorgia Meloni. Ante esta amenaza interna, el Gobierno no responde con argumentos sino con arquitectura: una reforma electoral diseñada para limitar la capacidad del nuevo movimiento de convertir popularidad en poder. Es el viejo dilema de las democracias maduras: cuando las reglas del juego ya no favorecen a quienes gobiernan, la tentación de reescribirlas revela tanto sobre el sistema como sobre quienes