Argentina actualmente es un 'tomador de reglas' en tecnología, pero tiene oportunidad de convertirse en 'conformador de reglas' si aprovecha su infraestructura energética. La energía es condición previa a la IA: solo siete países participan en gobernanza global de inteligencia artificial, mientras que Vaca Muerta representa la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo.
Vaca Muerta, clave para que Argentina deje de ser tomadora de reglas en la IA global
La energía es el primer paso, no la inteligencia artificial
¿Por qué estos expertos dicen que la energía es más importante que la inteligencia artificial misma?
Porque sin energía confiable, los centros de datos no funcionan. Un país puede anunciar que va a ser un hub de IA, pero si no tiene electricidad suficiente, esos anuncios son solo palabras. Esposito lo dijo claramente: la secuencia es energía primero, datos segundo, IA tercero.
Pero espera. ¿Cuánta energía necesitaría Argentina realmente para convertirse en un jugador significativo en IA? El artículo habla de demanda global, pero no dice cuánto de esa demanda podría satisfacer Vaca Muerta, ni cuánto costaría desarrollarlo.
Buena pregunta. ¿Y qué significa exactamente "conformador de reglas" versus "tomador de reglas"? ¿Es solo participación en mesas de negociación internacional?
Es más que eso. Es tener voz en cómo se regulan las tecnologías globalmente. Si Argentina solo sigue reglas escritas por otros, su industria tech siempre estará limitada por decisiones externas. Si es conformador, ayuda a escribir esas reglas.
Pero el artículo dice que solo siete países están en la iniciativa de gobernanza de IA más amplia. ¿Cuáles son esos siete? ¿Y qué tan realista es que Argentina entre en ese círculo solo por tener gas?
¿Entonces Vaca Muerta es la clave para todo esto?
Es una condición necesaria, no suficiente. Esposito fue claro: Argentina tiene talento técnico, minerales, y una transición energética en marcha. Pero también está por debajo del promedio de la OCDE en gobierno digital y datos abiertos. Vaca Muerta abre la puerta, pero hay que atravesarla.
Y aquí está lo que me preocupa: el artículo habla de que el 49% de la matriz energética todavía depende del gas fósil, y que 2025 fue el mejor año para energía no fósil. Pero no dice cuál es el plan real para desarrollar Vaca Muerta, ni cuándo, ni con qué inversión. ¿Es una oportunidad real o una esperanza?
¿Qué pasaría si Argentina no aprovecha esto?
Esposito lo llamó "colonia digital". Un país sin agencia, que sigue reglas escritas por otros, que no participa en las decisiones sobre tecnología global, que depende de inversión externa para su infraestructura. No es un futuro que nadie quiera.
O Pulso
- Argentina es actualmente un 'tomador de reglas' en tecnología global; solo siete países participan en la gobernanza de IA más amplia del mundo
- Vaca Muerta es la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo, con recursos equivalentes a dos años de consumo global
- La demanda eléctrica mundial se duplicará de 27.000 a 60.000 teravatios/hora hacia 2050, impulsada por IA y electrificación
- El costo de equilibrio de Vaca Muerta ronda los 40 dólares por barril, frente a un precio de mercado cercano a los 100 dólares
Argentina actualmente es un 'tomador de reglas' en tecnología, pero tiene oportunidad de convertirse en 'conformador de reglas' si aprovecha su infraestructura energética. La energía es condición previa a la IA: solo siete países participan en gobernanza global de inteligencia artificial, mientras que Vaca Muerta representa la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo.
Expertos internacionales advierten que Argentina puede convertirse en colonia digital o en conformador de reglas tecnológicas globales, dependiendo de su capacidad para articular energía, infraestructura y geopolítica. Vaca Muerta emerge como recurso estratégico determinante.
En Mar del Plata, durante el Coloquio IDEA, dos expertos internacionales presentaron un diagnóstico que redefine cómo pensar el futuro tecnológico de Argentina: el país enfrenta una encrucijada que no es principalmente sobre inteligencia artificial, sino sobre energía, poder geopolítico y la capacidad de escribir las reglas que otros seguirán.
Mark Esposito, profesor de Política Tecnológica en la Universidad Northeastern e investigador asociado del Berkman Klein Center de Harvard, planteó el dilema en términos claros. Argentina puede convertirse en lo que él llama un "tomador de reglas"—una nación cuya participación en la revolución tecnológica global queda determinada por decisiones tomadas en otros lugares—o puede aspirar a ser un "conformador de reglas", con capacidad real de incidir en las normas que rigen la adopción de tecnología a escala mundial. Hoy, Argentina está en la primera categoría. Solo siete países integran la iniciativa de gobernanza de inteligencia artificial más amplia del mundo, mientras que la mayoría de las naciones, incluyendo la argentina, quedan fuera de la mesa donde se diseñan esas reglas. Pero Esposito fue enfático: esto puede cambiar.
El académico vinculó directamente esa participación política con el desempeño económico. Los países que muestran apertura hacia la inversión en datos, infraestructura y centros de cómputo registran mejores resultados de producto bruto interno que aquellos con posturas más cautelosas. La fragmentación regulatoria, en cambio, ralentiza la adopción tecnológica y termina reflejándose en caídas visibles del desempeño económico. Para ilustrar esto, Esposito describió cuatro modelos de gobernanza tecnológica que existen en el mundo. Estados Unidos representa el modelo impulsado por el sector privado, donde el gobierno interviene lo mínimo posible. La Unión Europea prioriza los derechos y la gobernanza, lo que generó una tensión que retrasó la adopción tecnológica: ni siquiera Mistral, el laboratorio francés, trabaja el modelado de la misma manera que lo hacen en China o Estados Unidos. Un tercer grupo—Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Singapur—tiene al Estado como motor del desarrollo digital. El cuarto grupo agrupa a gobiernos que dependen de préstamos e inversión externa para construir infraestructura tecnológica, categoría en la que Esposito ubicó a Argentina junto con Sudáfrica y otras economías emergentes.
Pero el punto central de su argumento fue otro: la discusión pública sobre inteligencia artificial suele omitir el sustento físico que la hace posible. "La conversación no es solo sobre la tecnología de la IA. Se trata más de la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial", explicó. Esa infraestructura depende de manera directa de la energía, el agua y los minerales. La secuencia correcta de desarrollo ubica a la energía en primer lugar, a los datos en segundo término y a la inteligencia artificial en tercero. Los países que invierten en centros de datos sin haber consolidado su infraestructura energética corren el riesgo de sostener anuncios sin respaldo fáctico—compromisos asumidos en foros internacionales que luego no logran materializarse por falta de capacidad eléctrica.
Esposito introdujo el concepto de "colonia digital" para describir a los países que no logran ejercer agencia sobre ninguna de las tres transiciones que identifica: la postura frente a la inteligencia artificial y los datos, la integración de la infraestructura energética y el posicionamiento geopolítico. "Perder la oportunidad en estas tres preguntas posiciona naturalmente a un país como colonia digital sin agencia", advirtió. Sin embargo, remarcó que Argentina cuenta con una apertura concreta para avanzar hacia un rol más activo. Identificó talento técnico suficiente, disponibilidad de minerales y una transición energética en marcha: el 49% de la matriz energética del país todavía depende del gas fósil, pero 2025 marcó el mayor consumo de energía no basada en ese recurso hasta la fecha. También destacó el carácter democrático del sistema político como un activo, aunque advirtió que construir confianza institucional requiere una visión que exceda los ciclos de gobierno de pocos años.
La perspectiva de Esposito sobre la infraestructura energética encontró un desarrollo específico en la exposición de Julen Baztarrica, socio de McKinsey y líder de la práctica de Energía de la consultora. Baztarrica ubicó a Vaca Muerta en el centro de la propuesta de valor energética argentina. El consumo eléctrico mundial pasará de 27.000 teravatios/hora actuales a más de 60.000 teravatios/hora en 2050, impulsado por la electrificación del transporte, la industria, la climatización en países emergentes y la expansión de centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Los combustibles fósiles, que hoy explican cerca del 65% del consumo energético final, seguirán representando entre el 40% y el 55% hacia 2050. El gas natural conserva un rol central por su flexibilidad logística, su capacidad de integrar energías renovables y su menor intensidad de emisiones de dióxido de carbono frente al petróleo.
El impacto de la guerra en Irán y las restricciones sobre los trenes de licuefacción de Catar generaron una demanda adicional de gas que Estados Unidos ya no puede cubrir en su totalidad, lo que abrió una ventana para nuevos proveedores. Vaca Muerta constituye la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo, con recursos equivalentes a dos años de consumo global, y la cuarta reserva de petróleo no convencional, con volúmenes similares a un año de demanda mundial. El costo de equilibrio ronda los 40 dólares por barril, frente a un precio de mercado cercano a los 100 dólares, con una intensidad de emisiones de dióxido de carbono considerada baja en comparación con otras cuencas. En este escenario de demanda energética creciente y oportunidades geopolíticas abiertas, la pregunta que ambos expertos dejaron flotando es si Argentina logrará convertir esa ventaja geológica en poder político real.
Citações Notáveis
En este momento, Argentina es un tomador de reglas. No determina en ningún punto su participación en la conversación más amplia sobre tecnología. Pero esto puede cambiar.— Mark Esposito, profesor de Política Tecnológica, Universidad Northeastern
La conversación no es solo sobre la tecnología de la IA. Se trata más de la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial.— Mark Esposito