En La Habana, lo que comenzó como una tesis universitaria sobre procesos escénicos se ha convertido en un movimiento cultural que reclama para el arte evangélico cubano el mismo lugar que cualquier otra expresión de la identidad nacional. El Festival Cultura Gospel, en su segunda edición, no solo llena plazas y teatros con música, sino que teje una red de poetas, deportistas, bailarines y artistas plásticos de toda la isla, cerrando un vacío histórico que mantenía esa creatividad confinada al interior de las iglesias desde los años noventa. Es la historia de una convicción que encontró forma a
Urban Family Music: del aula al corazón de La Habana con el Festival Cultura Gospel
Esos dones no se quedaran en el mismo circuito de siempre, sino que llegaran a todas partes
¿Cómo se transforma una tesis universitaria en un movimiento que ocupa las calles de una ciudad?
No es automático. Requiere que alguien sienta una necesidad real, no solo académica. Zadkiel y Greter vieron un vacío: el arte evangélico existía en Cuba, pero estaba invisible, confinado a espacios privados. Quisieron sacarlo a la luz pública.
Pero hay muchas tesis universitarias. ¿Qué hace que esta sea diferente?
Que no se quedó en el papel. El equipo del ISA decidió que la investigación tenía que respirar, tenía que convertirse en experiencia compartida. Y lo hicieron con intención: estudiaron cómo entrar en espacios nuevos sin ser rechazados antes de ser escuchados.
¿Por qué incluir fútbol y poesía junto a la música?
Porque el gospel aquí no es solo un género musical. Es una identidad cultural que se expresa de múltiples formas. Al abrir el festival a otras disciplinas, reconocen que hay poetas cristianos, atletas cristianos, artistas plásticos cristianos. Cada uno merece un espacio.
¿Cuál es el riesgo de un movimiento así en Cuba?
El riesgo es que se quede pequeño, que no trascienda. Por eso Zadkiel insiste en la credibilidad artística: su álbum fue nominado a Cubadisco, compitió con músicos seculares. Eso abre puertas que de otra forma permanecerían cerradas.
¿Qué significa que se haya fundado la Red de Escritores Cristianos de Cuba?
Significa que el festival no es un evento puntual. Es el germen de un ecosistema. Ahora hay una estructura que permanece, que convoca, que registra. La antología poética es el primer documento histórico de esa voz que antes no tenía registro fuera de las iglesias.
¿A quién le pertenece ahora el festival?
A La Habana. A los 86 artistas que vinieron de toda la isla. A los niños con discapacidad mental que encontraron un espacio. Al movimiento que continúa creciendo. Ya no es de sus fundadores.
Der Puls
- Ochenta y seis artistas de seis provincias cubanas tomaron espacios icónicos de La Habana —desde el Malecón hasta el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes— con una energía que desbordó cualquier expectativa inicial.
- Durante décadas, el arte cristiano cubano existió sin registro público ni reconocimiento fuera del circuito eclesiástico, una ausencia que los fundadores del festival convirtieron en el motor de su proyecto.
- El álbum 'Yeshua Hamashiaj' de Zadkiel Kbn fue nominado a los Premios Cubadisco 2026, otorgando al movimiento una credibilidad que le abre puertas en el ecosistema cultural secular de la isla.
- La presentación de la antología poética 'Ecos de Devoción' y el nacimiento oficial de la Red de Escritores Cristianos de Cuba señalan que el festival está construyendo infraestructura cultural duradera, no solo eventos.
- Con convocatorias ya lanzadas para antologías de narrativa y literatura infanto-juvenil, el movimiento avanza hacia un ecosistema que trasciende cada edición del festival y promete consolidarse año tras año.
En La Habana, lo que comenzó como una tesis universitaria sobre procesos escénicos se ha convertido en un movimiento cultural que reclama para el arte evangélico cubano el mismo lugar que cualquier otra expresión de la identidad nacional. El Festival Cultura Gospel, en su segunda edición, no solo llena plazas y teatros con música, sino que teje una red de poetas, deportistas, bailarines y artistas plásticos de toda la isla, cerrando un vacío histórico que mantenía esa creatividad confinada al interior de las iglesias desde los años noventa. Es la historia de una convicción que encontró forma académica, luego artística, y finalmente ciudadana.
La segunda edición del Festival Cultura Gospel ha transformado La Habana en un escenario múltiple donde el gospel se baila, se pinta, se juega y se escribe. Lo que comenzó como una tesis universitaria en el ISA se ha convertido en algo que la ciudad reconoce como propio.
Detrás del festival están Jorge Leonel Belén y Greter Haydee Morales —Zadkiel Kbn y Gretik MS—, graduados de Procesos Escénicos que fundaron Urban Family Music junto a tres compañeros. Cuando investigaron para su tesis, descubrieron que desde los años noventa existían eventos de gospel en Cuba, pero siempre dentro de las iglesias, nunca en el espacio público. Ese vacío histórico fue su punto de partida: querían que la identidad evangélica tuviera el mismo derecho que cualquier otra expresión cultural de la nación.
El festival desbordó su sede principal, La Madriguera, hacia el Pabellón Cuba, la Casa del Alba, el Boulevard de San Rafael y el Malecón. El concierto de clausura, 'Luz en Mi Ciudad', se celebró en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes el 15 de agosto. La nominación del álbum de Zadkiel a los Premios Cubadisco 2026 le dio al movimiento una plataforma de credibilidad frente al mundo musical secular.
El festival abrazó disciplinas inesperadas: un torneo de fútbol en el Estadio Universitario Juan Abrantes y la presentación de 'Ecos de Devoción', la primera antología que reúne voces de poetas cristianos cubanos. En ese mismo acto nació la Red de Escritores Cristianos de Cuba, coordinada por Ania Lias Gonzales, con convocatorias ya abiertas para futuras antologías de narrativa y literatura infanto-juvenil.
Dedicada a México y apoyada por el Colegio Ebenezer de Tampico, la edición reunió a 86 artistas de La Habana, Santiago de Cuba, Granma, Villa Clara, Mayabeque y Artemisa. El espacio incluyó proyectos para niños con discapacidad mental y abrió sus puertas a la Agencia Cubana de Rap y la Compañía Danza Contemporánea de Cuba. Lo que nació en un aula ya le pertenece a la isla entera.
La segunda edición del Festival Cultura Gospel ha tomado las calles de La Habana con una intensidad que sorprende incluso a quienes la imaginaron. No es solo música lo que resuena en los espacios públicos de la ciudad. En cada esquina donde el festival respira, el gospel se manifiesta de formas inesperadas: se baila en las plazas, se pinta en las galerías, se juega fútbol en los estadios, se escribe poesía en las antologías. Lo que comenzó como una idea académica se ha convertido en algo que la ciudad entera reconoce como suyo.
Todo esto existe porque Jorge Leonel Belén y Greter Haydee Morales, conocidos como Zadkiel Kbn y Gretik MS, decidieron que un movimiento podía nacer de una tesis universitaria. Ambos estudiaron Procesos Escénicos en el ISA, junto con otros tres compañeros que hoy forman el núcleo de Urban Family Music. Cuando Zadkiel habla del origen, no describe un plan de negocios sino una convicción: sentía que había personas con talentos guardados, sueños sin espacio donde manifestarse. Quería que esos dones salieran del circuito cerrado de siempre y llegaran a toda la isla, que cada quien —cantante, bailarín, poeta, teatrero— tuviera un lugar donde ser protagonista. Su visión era clara: en Cuba se estaba levantando una generación que adoraba a Dios a través del arte, y eso merecía ser visto.
Pero la idea no fue solo inspiración. Greter reveló el andamiaje que sostiene todo lo que hoy ocurre en las calles. Cuando investigaron para su tesis, buscaron referencias de festivales similares en Cuba y encontraron casi nada. Sabían que desde los años noventa existían eventos de este tipo, pero siempre dentro de las iglesias, nunca en el espacio público, nunca como parte del patrimonio cultural nacional. No había registro histórico de ese quehacer fuera del circuito eclesiástico. Ese vacío fue lo que los impulsó. Querían hacer visible el arte cristiano, crear un espacio donde la identidad evangélica tuviera el mismo derecho que cualquier otra identidad cultural de la nación.
La programación del festival ha desbordado su sede principal, La Madriguera, hacia espacios icónicos de la ciudad. El Pabellón Cuba, la Casa del Alba, el Parque Curita, el Boulevard de San Rafael y el Malecón habanero se han convertido en escenarios. El 15 de agosto, el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes acogió el concierto de clausura titulado "Luz en Mi Ciudad", donde la trayectoria de Zadkiel brilló con luz propia. Su álbum "Yeshua Hamashiaj" fue nominado a los Premios Cubadisco 2026, lo que le da credibilidad no solo como artista sino como catalizador del movimiento. Él ha competido con músicos seculares al mismo nivel y ha alcanzado logros que abren puertas. Su propósito es que su recorrido artístico sirva como plataforma para el festival y para todos los que vienen con él.
El legado que el festival está tejiendo se mide en su capacidad de abrazar disciplinas que van más allá de la música. Un torneo de fútbol en el Estadio Universitario Juan Abrantes, dirigido por la gloria del deporte Odelin Ramos, fue idea del equipo pero se concretó con la iluminación del Pastor Leopoldo Ortiz de México. El deporte se sumó como una manera de alcanzar públicos nuevos. En el ámbito de las letras, la presentación de la antología poética "Ecos de Devoción" marcó un antes y un después: es el primer volumen que reúne la voz de poetas cristianos de la isla. En ese mismo espacio nació oficialmente la Red de Escritores Cristianos de Cuba, coordinada por Ania Lias Gonzales. Ya se ha lanzado la convocatoria para futuras antologías de narrativa, testimonio y literatura infanto-juvenil.
Esta segunda edición fue dedicada a México y contó con el apoyo del Colegio Ebenezer de Tampico. Su fuerza, sin embargo, es inconfundiblemente cubana. Ochenta y seis artistas entre músicos, raperos, poetas, bailarines y artistas plásticos provenientes de La Habana, Santiago de Cuba, Granma, Villa Clara, Mayabeque y Artemisa conformaron el mosaico del festival. El espacio fue inclusivo para proyectos dedicados a niños con discapacidad mental y abrió sus puertas al talento de la Agencia Cubana de Rap y la Compañía Danza Contemporánea de Cuba. Con el auspicio de la Asociación Hermanos Saiz, Evenecer y proyectos como Las Manos de Jesús, el festival demuestra que la pasión artística construye los puentes más sólidos. Lo que nació en un aula del ISA ya le pertenece a la ciudad.
Bemerkenswerte Zitate
Queremos que se vea que en Cuba se está levantando una generación que adora a Dios con su arte— Zadkiel Kbn, fundador de Urban Family Music
No había un reconocimiento en el ámbito cultural cubano para esto. A veces la iglesia salía a la comunidad, mostraba talentos, pero nada más— Gretik MS, sobre el vacío histórico que motivó el festival