En las orillas del Lago Villarrica, un capítulo de la historia empresarial chilena se cierra con discreción: Andrés Raggio Guerrero, ex ejecutivo de la misma empresa que vendía, fue el único interesado en hacerse cargo del casino y el Gran Hotel Pucón, adquiriendo ambos activos por $15.216 mil millones. La transacción, enmarcada en el colapso y reorganización judicial de Enjoy —otrora la mayor cadena de casinos del país—, revela cuán estrecho puede ser el círculo de quienes conocen un negocio lo suficiente como para apostar por él cuando otros se retiran.