Astrónomos detectan megamaser de hidroxilo a 8 mil millones de años luz

Una ventana a un momento en que las cosas sucedían de manera mucho más violenta
Los astrónomos observan una galaxia en pleno proceso de fusión hace 8 mil millones de años.

Desde el sur de África, un equipo internacional de astrónomos ha captado un eco del universo joven: una señal de microondas emitida hace 8 mil millones de años por dos galaxias en plena colisión. Este megamaser de hidroxilo, el más distante jamás registrado, nos recuerda que el cosmos guarda en su luz más antigua las claves de su propia formación, y que la tecnología humana, apoyada en los accidentes de la geometría cósmica, puede alcanzar esos umbrales del tiempo.

  • La señal viajó 8 mil millones de años antes de ser captada, lo que convierte este hallazgo en una ventana directa al universo cuando era más caótico y violento que hoy.
  • Sin la intervención de una lente gravitacional natural —una galaxia interpuesta que amplificó la débil emisión— la detección habría requerido cientos de horas de observación en lugar de cinco.
  • El radiotelescopio MeerKAT genera tal volumen de datos por segundo que procesarlos exigió supercomputadoras trabajando durante días con algoritmos de calibración de alta complejidad.
  • El objeto HATLAS J142935.3-002836 mostró al menos cinco componentes espectrales distintas, revelando que la fusión galáctica ocurre en múltiples zonas simultáneas con dinámicas propias.
  • Los megamasers emergen como posibles marcadores para rastrear fusiones galácticas y la formación de agujeros negros supermasivos, abriendo una nueva metodología para estudiar la evolución del cosmos.

Un equipo internacional liderado por Thato Manamela y Roger Deane detectó, mediante el radiotelescopio sudafricano MeerKAT, el megamaser de hidroxilo más lejano jamás registrado: una señal procedente de más de 8 mil millones de años luz de distancia. Observar ese objeto equivale a contemplar el universo cuando tenía menos de la mitad de su edad actual, en una época de colisiones galácticas, nacimiento estelar acelerado y condiciones físicas extremas.

El fenómeno captado, catalogado como HATLAS J142935.3-002836, es un emisor de microondas millones de veces más intenso que cualquier maser de nuestra galaxia. Su señal no era uniforme: los análisis revelaron al menos cinco componentes espectrales distintas, algunas muy estrechas y otras amplias, indicando que la emisión provenía de diferentes zonas de la galaxia en distintas etapas del proceso de fusión. La luminosidad medida resultó ser la más alta registrada para este tipo de objeto.

La detección fue posible gracias a dos factores combinados: la extraordinaria sensibilidad del MeerKAT y una lente gravitacional natural —una galaxia interpuesta entre la Tierra y el objeto— que amplificó la débil señal y redujo el tiempo de observación de cientos de horas a apenas cinco. Durante la misma sesión, el equipo también identificó una señal de hidrógeno neutro, aportando información sobre el gas frío de la galaxia.

Procesar los datos fue un desafío comparable a beber de una manguera de incendios: el MeerKAT genera gigabytes de información por segundo, y fue necesario aplicar algoritmos complejos en supercomputadoras durante días para extraer una señal utilizable. Los resultados, publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, sugieren que los megamasers pueden funcionar como marcadores para localizar fusiones galácticas y zonas de formación estelar intensa, y que podrían permitir estudiar los momentos previos a la colisión de agujeros negros supermasivos. Con instrumentos futuros como el Square Kilometre Array, este tipo de descubrimientos podría multiplicarse y transformar nuestra comprensión de cómo el universo llegó a ser lo que es.

A través de un radiotelescopio sudafricano, un equipo internacional acaba de captar una señal que viaja desde hace 8 mil millones de años. Lo que detectaron fue un megamaser de hidroxilo, un fenómeno cósmico tan raro y potente que solo emerge cuando dos galaxias colisionan y se fusionan en un caos de nacimiento estelar acelerado. El descubrimiento, liderado por Thato Manamela de la Universidad de Pretoria y Roger Deane del Instituto Interuniversitario de Astronomía Intensiva en Datos, marca el objeto de este tipo más distante jamás identificado.

Lo que hace extraordinario este hallazgo no es solo la distancia, sino lo que esa distancia significa. Observar algo a 8 mil millones de años luz equivale a mirar el universo cuando tenía menos de la mitad de su edad actual, cuando era más joven, más inestable, más violento. Los megamasers de hidroxilo son emisores de microondas millones de veces más intensos que sus contrapartes en nuestra propia galaxia, y funcionan como láseres cósmicos naturales. Aparecen precisamente donde ocurren esos encuentros galácticos cataclísmicos, donde nacen estrellas a ritmos vertiginosos y las condiciones físicas alcanzan extremos que no se ven en sistemas galácticos cercanos.

El objeto específico, catalogado como HATLAS J142935.3-002836, fue identificado mediante el desplazamiento al rojo, ese corrimiento de la luz hacia longitudes de onda más largas que ocurre cuando el universo se expande. Cuanto mayor es ese desplazamiento, más lejos y más atrás en el tiempo se encuentra lo que observamos. Lo notable es que la señal no era uniforme. Los análisis matemáticos revelaron al menos cinco componentes diferentes, algunos muy estrechos y otros mucho más amplios, indicando que la emisión provenía de distintas zonas dentro de la galaxia, probablemente vinculadas a diferentes etapas del choque y fusión entre sus partes. La luminosidad medida fue la más alta registrada para este tipo de objeto.

La detección fue posible gracias a una combinación de tecnología avanzada y un golpe de suerte cósmica. El radiotelescopio MeerKAT, desarrollado en Sudáfrica, posee una sensibilidad y un ancho de banda extraordinarios que le permitieron captar una señal extremadamente débil a lo largo de un amplio rango de frecuencias. Pero la verdadera ventaja fue la lente gravitacional: una galaxia situada entre la Tierra y el objeto observado actuó como un telescopio natural, amplificando la señal débil. Gracias a este efecto, el equipo logró detectar la emisión en solo cinco horas de observación. Sin esa amplificación gravitacional, habrían necesitado cientos de horas con los telescopios actuales. Durante la misma sesión, también identificaron una señal de hidrógeno neutro, proporcionando información sobre el gas frío dentro de la galaxia.

El procesamiento de los datos fue en sí mismo un desafío monumental. El MeerKAT genera gigabytes de información por segundo, un volumen que los investigadores compararon con intentar beber de una manguera de incendios. Fue necesario aplicar algoritmos complejos de calibración y limpieza, ejecutados en supercomputadoras durante días, para transformar ese torrente de datos en una señal utilizable. Los recursos computacionales fueron proporcionados por el Instituto Interuniversitario para Astronomía Intensiva en Datos.

Los resultados, publicados en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, abren nuevas perspectivas para entender cómo evolucionan las galaxias. Los megamasers tienden a aparecer donde ocurren fusiones galácticas, procesos que pueden generar cantidades enormes de estrellas nuevas y, en algunos casos, pares de agujeros negros supermasivos. Identificar más sistemas como este permitirá comprender cómo se forman y crecen las galaxias más grandes del universo. Los investigadores también observaron una relación directa entre el brillo infrarrojo de la galaxia y la intensidad de la señal del megamaser, lo que sugiere que estos objetos pueden funcionar como marcadores para localizar galaxias en pleno proceso de fusión y zonas de formación estelar especialmente activa.

Más allá de esto, los megamasers abren la posibilidad de estudiar los momentos previos a la colisión de dos agujeros negros gigantes, eventos que generan ondas gravitacionales y resultan cruciales para comprender la historia del cosmos. Con instrumentos futuros como versiones mejoradas del MeerKAT y el Square Kilometre Array, será posible descubrir rápidamente muchos más de estos objetos en el universo temprano, transformando nuestra comprensión de cómo el cosmos llegó a ser lo que es hoy.

Los megamasers pueden utilizarse como marcadores para localizar galaxias en pleno proceso de fusión y zonas donde la formación de estrellas es especialmente activa
— Thato Manamela y Roger Deane, investigadores del estudio
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa tanto encontrar este megamaser en particular? ¿Qué lo diferencia de otros descubrimientos astronómicos?

Model

Porque nos permite ver directamente cómo eran las galaxias cuando el universo era mucho más joven. No es solo una observación lejana; es una ventana a un momento en que las cosas sucedían de manera mucho más violenta y caótica.

Inventor

Mencionas que la lente gravitacional fue crucial. ¿Cómo funciona exactamente ese efecto?

Model

Una galaxia que se encuentra entre nosotros y el objeto distante actúa como una lente, curvando la luz y amplificándola. Sin eso, la señal sería demasiado débil para detectar. Con la lente, lo que normalmente requeriría cientos de horas de observación se logró en cinco.

Inventor

¿Qué nos dicen esos cinco componentes diferentes que encontraron en la señal?

Model

Que la galaxia no es un objeto simple y ordenado. Esos componentes sugieren que estamos viendo una galaxia en medio de una colisión, con diferentes partes del sistema emitiendo desde distintas zonas. Es caos, pero caos que podemos medir.

Inventor

¿Cómo se relaciona esto con los agujeros negros supermasivos que mencionan?

Model

Las fusiones galácticas suelen traer consigo pares de agujeros negros supermasivos que eventualmente colisionan. Estudiar megamasers en galaxias en fusión nos acerca a entender esos eventos extremos que generan ondas gravitacionales.

Inventor

¿Qué viene después? ¿Qué buscarán ahora?

Model

Encontrar más megamasers como este usando la misma tecnología. Con telescopios más potentes en el futuro, podrán identificarlos rápidamente y usarlos como marcadores para mapear dónde ocurren estas fusiones galácticas en el universo temprano.

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