En los pliegues de la biología humana existe una posibilidad que la mayoría desconoce: algunas mujeres nacen con un cuarto receptor de color en la retina, una condición llamada tetracromacía que, en teoría, abriría la percepción a cien millones de tonalidades invisibles para el resto. Sin embargo, poseer el gen no equivale a ver de manera diferente; el cerebro debe aprender a interpretar esa información extra, y casi ninguno lo hace. La ciencia nos recuerda así que la capacidad y su ejercicio son cosas distintas, y que el mundo que vemos es tanto una construcción neurológica como una realidad